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  8 de Septiembre de 2008     Edición de las 20:49 h.  


 
Fútbol

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Lunes, 6 de Noviembre de 2006 a las 11:02
• El jugador, de 22 años, huye del protagonismo pero se ha ganado la admiración del vestuario
El duende Iniesta no deja de crecer


MARCOS LÓPEZ
 Andrés Iniesta ante el Valencia
 Foto: Jordi Cotrina

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En Riazor actuó el sábado un bailarín disfrazado de futbolista. Un jugador simple. Pero insólito porque nadie tiene imantado el balón a las botas como él. Simple porque viendo moverse a Andrés Iniesta Luján --22 años, nacido en Fuentealbilla (Albacete) y criado en La Masia-- da la sensación de que cualquiera puede jugar a fútbol. Pero es mentira. Es insólito porque detrás de esa cara de niño, pura porcelana, y de un cuerpo que no es el de un superdotado (mide 1.70 m y pesa 65 kg) se esconde una estrella.
Al llegar este verano a Barcelona, Lilian Thuram, campeón del mundo con Francia en 1998 y subcampeón en Alemania-2006, sabía lo que le esperaba. Para empezar, complacer a sus dos hijos que le habían pedido autógrafos de Ronaldinho. Pero lo que no intuía es que compartiría diariamente entrenamientos con un prodigio del que no tenía noticia alguna. "Uno de los que más me ha sorprendido es Iniesta", confesó el defensa francés, quien a sus 34 años creía haberlo visto todo en el fútbol. Pues, no. Casi todo. Porque a Iniesta, alejado por voluntad propia del mundanal ruido mediático (no lleva tatuajes ni cuida obsesivamente su imagen), deslumbra en el campo. Fuera, ni se le ve. Ni se le oye.

El recuerdo de París
En un año, Iniesta ha madurado mucho más de lo que se piensa. A veces, de lo que se percibe. Hay algo que le ha torturado internamente, pese a que se ha cuidado mucho de no airearlo. En mayo, tras un final de temporada antológico (Lisboa y Milan asistieron a partidos geniales de Andresín, como le llamaban al principio), intuyó, sin embargo, que no sería titular en la final de París. Lo vio en los días previos por algunos detalles. No dijo nada. Cuando horas antes de medirse al Arsenal, Txiki Begiristain, el secretario técnico del Barça, recibió un sms con el equipo inicial en Saint Dennis se quedó sorprendido: "Vaya, no juega Iniesta", comentó a sus amigos camino del estadio. Peor se quedó Andrés. Jugó Van Bommel, aunque después, en el descanso, Rijkaard se autocorrigió.
"Cuando salió el niño, tuvimos el balón. Ésa fue la clave", cuenta Etoo cada vez que le preguntan por la final de París. Entre el niño y Valdés (íntimos amigos ambos), el Barça, con el inolvidable gol de Belletti, besó la Copa de Europa. Pero pocos repararon en la trascendencia que tuvo Iniesta. "¿Lo mejor que tiene Andrés? Uff, tiene muchas cosas buenas", dice Eusebio Sacristán, uno de los ayudantes de Rijkaard, como si fuera imposible relatar las virtudes de un jugador que tiene cosas de Xavi --ese giro sobre sí mismo que hipnotiza al rival-- y de Guardiola --esa mirada panorámica para descubrir líneas de pases donde otros solo topan con piernas enemigas--.
"Ve el fútbol muy fácil. Cuando coge el balón, se enciende la luz. Me da un flash a Zidane. Sé que son dos cuerpos diferentes, pero en el estilo, en la claridad que le da al juego, en el control de balón que tiene, esa seguridad... Todo eso me evoca un poco a Zidane. Tiene una capacidad física y técnica para desarrollar todo lo que quiere", explica Eusebio. Como si Iniesta tuviera un interruptor secreto, aunque tiene otras cosas. El sábado, sin ir más lejos, recuperó en A Coruña nueve balones. Él solo. Los mismos que Edmilson (6) y Deco (3) juntos.
Otra prueba más de que el fútbol invisible de Iniesta terminará por convencer a todos. En los últimos meses, superada la presión que le angustió cuando se lesionó Xavi, volvió a ser quien es. En el campo, además, se le ve más fuerte que antes. No esquiva el choque y roba más balones de lo que parece. El plan de musculación realizado durante cuatro años, supervisado por Paco Seirulo, uno de los preparadores físicos del equipo, ha dado resultado. Todavía hoy, Iniesta hace cada semana sesiones especiales de trabajo para mantener fuerte su cuerpo. Fuera del campo, también se enfada. El jueves, en la sala de prensa del Camp Nou, hasta se le vio irritado por una pregunta. Un acontecimiento nunca visto.

Proceso de madurez
Así, entrando y saliendo del equipo anda Iniesta (ha sido titular en cuatro de las nueve jornadas de Liga), pese a que todos asumen que su evolución resulta imparable. "Hace muchas cosas bien en el centro del campo", asegura Eusebio sobre un jugador capaz de actuar, y con eficacia, en cualquier posición de esa zona. Hasta de pivote defensivo, aunque no tenga la corpulencia y el juego aéreo que reclama Rijkaard para ese puesto. Iniesta nunca lo dirá, pero se siente más fuerte físicamente, más importante en el equipo y con más responsabilidad. El Depor tuvo la prueba.
Es verdad que le faltó un gol para completar en Riazor un partido extraordinario. Aunque dejó jugadas de ciencia ficción, regates de cine, protagonizando bailes imposibles sobre el balón, burlándose de los defensas con un exquisito golpe de cintura. "Ha madurado", admite Eusebio, recordando que Iniesta ya ha demostrado que no solo sabe jugar bien, muy bien, a fútbol. También roba y corre.


 

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