Viernes, 3 de Noviembre de 2006 a las 9:08
• El técnico barcelonista castiga a los jugadores por la relajación con la que se entrenaron ayer Rijkaard se pone duro
JOAN DOMÈNECH
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La extendida sensación de que el Barça no es lo que era, desmentida repetidamente desde el vestuario, quedó confirmada, si cabe, ayer. Por una simple reacción de Frank Rijkaard, tal vez anecdótica y que, por inusual, puso de relieve que al entrenador del Barça no le gusta lo que ve en el equipo. Hasta ahora no lo había denunciado, pero ayer hizo visible su enfado por la actitud excesivamente relajada que advirtió en sus jugadores en el entrenamiento, y les impuso un pequeño y simbólico --por leve-- castigo.
La plantilla había iniciado un ejercicio técnico táctico de combinaciones de pases con un disparo final a portería. Al cabo de pocos instantes, Rijkaard reunió a los jugadores. Con los gestos de brazos y piernas, les estaba recriminando la laxitud con que realizaban el trabajo. Acto seguido, el grupo se dispuso a dar unas vueltas al campo. Cinco, exactamente, y al trote, sin forzar. Cumplida la pena, el Barça reanudó el mismo ejercicio. Con más intensidad y acierto en los pases y en los disparos. Justo lo que perseguía el técnico.
FALTA DE INTENSIDAD
No hubo dudas en la interpretación de lo que había sucedido en La Masia. Tanto Andrés Iniesta como Gio van Bronckhorst admitieron que Rijkaard estaba disgustado por la mala ejecución del trabajo. No por los errores, sino por la falta de intensidad.
"El ejercicio no salía bien, dimos cinco vueltas y volvimos a hacerlo", explicó el holandés.
"No pasa nada por dar unas vueltas más. Reanudamos el trabajo y lo hicimos bien, así que dio resultado", dijo Iniesta, restando trascendencia a la postura que adoptó el técnico, aprobándola incluso:
"Si las cosas no salen bien hay que trabajar más".
El centrocampista manchego, que será titular mañana en lugar del lesionado Xavi, negó que Rijkaard hubiera endurecido su actitud en los últimas días.
"Alguna vez ha tomado una decisión así, quizá de forma más discreta", comentó. Ahora, el técnico holandés parece decidido a no reprimirse más y ser más severo. Y serlo con más frecuencia, a juzgar por las decisiones que ha tomado y por las reacciones que ha tenido.
FIN DE LAS ROTACIONES
Fue la tercera vez en algo más de 10 días, que Rijkaard se pone serio y muestra su otra cara, la habitualmente oculta a ojos del gran público.
"Cuando tiene que ponerse duro, se pone duro", admitió Iniesta. Al día siguiente de la derrota del Bernabéu, el entrenador del Barça expresó su arrepentimiento por algunas variantes tácticas que había adoptado.
En público, sentado en la sala de prensa, admitió que se había excedido en los cambios que introducía en cada partido e insinuaba el final de las rotaciones. Unas rotaciones que, por cierto, han afectado a Iniesta, que desde el clásico ha vuelto a ser suplente.
"No me siento ningún revulsivo, porque me siento titular", replicó el jugador manchego con una inusual seriedad.
AUTOCRÍTICA Y RECRIMINACIÓN
El ejercicio de autocrítica de Rijkaard continuó con una recriminación a la
"falta de agresividad defensiva" con que el equipo empezaba cada partido. Frente al Chelsea, esa carencia se reveló en el último minuto, con el gol de Drogba en un centro lejano de Essien. El enfado de Rijkaard lo pagó Stéfano Farina, el único árbitro al que ha protestado airadamente en tres años y medio en el Barça. Ayer, a excepción de alguna aislada bronca en el vestuario en algún partido, se visualizó el enfado de Rijkaard por las muestras de abulia y distensión en el trabajo.
El equipo reaccionó ayer, tras el castigo, y los jugadores desean demostrarlo en Riazor.
"Encajar el empate en el último minuto fue duro, pero debemos olvidarlo y centrarnos en la Liga", dijo Gio, recordando que el Barça es el líder.