Domingo, 2 de Julio de 2006 a las 3:09
• El madridista da un recital y la estrella del Arsenal marca el gol del triunfo Zidane y Henry expulsan del torneo a un desastroso Brasil (1-0)
MARCOS LÓPEZ
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Tal vez, por el bien del fútbol, sea justo, muy justo, que Brasil perdiera anoche. Jugó de pena, jamás se comportó con dignidad y cayó rendido ante una Francia magnífica, guiada por un deslumbrante Zidane, que no se jubilará nunca. Si sigue así, jugando como los ángeles, no habrá quien lo eche del fútbol. Este juego se lo agradecerá. Como también agradecerá que el mediocre y desastroso Brasil esté ya de vuelta a casa, sin coartada alguna para defenderse. Mejor que no la busque porque no la tiene. Parreira, el seleccionador, renegó de la esencia, maltrató a la pelota y retorna como un proscrito a su país.
Atrapados por la majestuosidad de Zidane --igual el Madrid se desdice y lo ficha hoy mismo--, Brasil se enredó con el balón. ¡Dios mío! Parece imposible, pero lo es. Sucedió en Fráncfort, ciudad alemana a la que se conocerá a partir de ahora por la noche en que la
seleçao ensució su hermosa leyenda. Empezó con energía el partido, tal vez empujado por la decisión de Parreira de arrimar a Ronaldinho junto a Ronaldo, más cerca del área que nunca, mientras Adriano purgaba su perenne mala forma en el banquillo. Tras un prometedor cuarto de hora inicial, Francia miró a
Zizou y le dio la pelota. O sea, se la quitó a Brasil. O sea, desnudó al campeón. O sea, se adueño del partido y del fútbol.
Porque Zidane, visto como jugó anoche, se resiste a irse. Daba la sensación de que era el primer partido de su vida. O, tal vez, el último, pero lo jugó como si le fuera la vida, retratando la lentitud de Kaká y el ocaso de Cafú. En esa banda derecha de la defensa de Brasil se hallaba el agujero negro. Francia, que alineó al mismo equipo que eliminó a España, lo entendió de inmediato. A Ribéry apenas se le vio. Pero sí a Malouda, que encontró el chollo para hurgar en la herida brasileña. Los centrales no llegaban a tiempo para achicar tanto balón. En realidad, tanto Lucio como Juan, que pudo ser expulsado por una dura entrada a Vieira, se han pasado el Mundial sacando cubos de agua del área de Dida. Y Dios no les ha dado el don para salir con el balón controlado.
SIN JUEGO COLECTIVO
¿Qué ocurrió entonces? Que Ronaldinho, más activo pero igual de apagado, y Ronaldo eran dos cuerpos extraños. Vivían aislados en otra galaxia, sin conexión con el juego de Brasil. ¿Jugó Brasil? En la primera parte, no. Tampoco es una gran noticia porque en Alemania no se le ha visto el pelo al campeón. Francia, entretanto, apeló a la paciencia, al orden, al reparto equitativo del trabajo. Los defensas defendían, Barthez tenía la noche libre (ni un disparo a puerta en los primeros 45 minutos), Makelele y Vieira robaban balones y se comían, de paso, a los centrocampistas brasileños, Zidane creaba y Henry asustaba. ¿Sencillo? Pues sí.
Con un plan tan fácil, Brasil quedó atropellado. Se transformó en una selección vulgar. Jamás fue un equipo. Fue una colección de cromos desparramados sobre el campo, sostenidos, curiosamente, por Dida, un portero del que no podrán decir ni una sola mala palabra. Incapaz de derribar al
viejo Zidane, se topó además con un Vieira colosal. El mismo que echó a España hace unos días se encargó de abatir la ficticia maquinaria brasileña. Necesitó, eso sí, del disparo de Henry en una jugada a balón parado. Horriblemente defendida por los campeones, en otro evidente signo de su autodestrucción. Sacó Zidane, el balón voló por todo Brasil y apareció Henry para fusilar a Dida.
UN SOLO TIRO
Después, las prisas y el retrato perfecto de lo que fue Brasil. Un desastre. Tardó 90 minutos en disparar a la portería de Barthez. Fue Ronaldo quien tiró, rechazó el meta francés y ya está. Aún puede Parreira darle las gracias a Dida. Si no, el ridículo de la
seleçao habría sido escandaloso. Aunque no hay mayor ridículo para Brasil que ser eliminado en cuartos por una Francia decadente y vieja, a la que España reanimó. El fútbol es justo. Con Zidane, que se ganó el derecho a jugar otro partido más. Y con Brasil, que no merecía seguir en el Mundial.