• Argentina encabeza las apuestas en un torneo sin grandes sorpresas ni rebelión de los modestos Los grandes mandan
DAVID TORRAS
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En los primeros pasos, el Mundial no está dando muchas sorpresas y casi todas las selecciones más poderosas andan ya colocadas en primera fila, listas para una pelea cuerpo a cuerpo. De momento, nadie ha pegado tan fuerte como Argentina.
ARGENTINA Dos partidos que le sitúan como primer favorito
Justo cuando se cumplen 20 años del último título, Argentina se ha puesto a soñar. En dos partidos ha ofrecido dos versiones distintas. Costa de Marfil le superó en casi todo, menos en ese instinto de supervivencia que le lleva a ganar incluso los partidos que merecería perder. Como los italianos. Contra Serbia y Montenegro, deslumbró de principio a fin, con la jugada del gol de Cambiasso como retrato de cómo puede llegar a jugar. Así que las dudas que envolvían el proyecto de Pekerman se han disipado. Es una de las selecciones más equilibradas, con un único punto aparentemente débil, el portero Abbondanzieri, pero que está protegido por la mejor defensa del Mundial. Parece que a Riquelme le apetece jugar, y delante es difícil saber si es mejor la pareja oficial (Crespo-Saviola) o la de recambio (Messi-Tévez). De momento.
ALEMANIA El nuevo estilo de Klinsmann ya seduce
Hasta que empezó el Mundial, Alemania miraba a los suyos sin demasiado entusiasmo. Desde que accedió al cargo, Klinsmann ha trabajado siempre en un ambiente de desconfianza, y no solo por el hecho de vivir en California, sino también por imponer un estilo y unos métodos que no habían dado resultado. En cuanto el técnico aparecía en alguna pantalla, la gente le silbaba. Pero el nuevo estilo de una selección joven, que rompe con la Alemania más tradicional, empezando por la suplencia de Kahn y acabando por un cambio de estilo, más elaborado y menos directo, empieza a seducir.
Es un equipo más futbolero, que tiende a jugar por las bandas con Schweinsteiger y Schneider, con la defensa como punto negro, especialmente el lateral derecho (Friedrich) y los dos centrales (Mertesacker y Metzelder). La producción de goles no parece un problema con un especialista como Klose --marcó dos en el debut-- y buenos complementos como Podolski y Neuville. Con el pase a octavos como primera de grupo casi asegurado, su rival será Suecia o Trinidad y Tobago.
ESPAÑA Xavi marca la ruptura con el pasado
Nunca antes España había recibido tantos elogios el primer día. Por inesperada, la actuación ante Ucrania ha disparado las expectativas. Más allá del 4-0, jugó como pocas veces lo ha hecho la selección. Nada que ver con la pobre imagen que ofreció en toda la fase de clasificación. En esa mejoría, la figura de Xavi, al que Luis ha elegido como cerebro en lo que ya es una ruptura con el pasado, tuvo un papel fundamental. Espléndido en la construcción y, escoltado por el valioso Senna y con las salidas que ofrecen Luis García, Villa y Torres, con él España se acercó más al estilo del Barça.
Con Túnez y Arabia Saudí por delante, la clasificación como primera de grupo parece asegurada. La duda es si el cambio vislumbrado servirá para ir más lejos, ante la perspectiva de los cruces en octavos (Francia o Suiza) y en cuartos (Brasil).
BRASIL El 'penta' aún debe confirmar las expectativas
Brasil no es Brasil, o no es el Brasil que cada uno se hace a su medida, que nunca es un Brasil corriente. El problema de Brasil es que cada vez que entra en acción no se espera que juegue un partido, se espera que ruede un anuncio. Y ha bastado que en el debut no hubiera rastro del jogo bonito para que se empiece a dudar del campeón. Tampoco era fácil. Croacia es dura de pelar, y la canarinha aún necesita una puesta a punto. Suele ocurrirle casi siempre, va de menos a más, un pronóstico que Ronaldinho también hizo para sí mismo. De Ronaldo, en cambio, es difícil saber lo que hay que esperar. Da la sensación de que no podrá superar los problemas físicos y anímicos que le acosan.
El mundo solo tiene ojos para el cuadrado mágico, pero Brasil es mucho más y detrás de ese cuarteto hay una pareja de hierro: Emerson-Zé Roberto. Parreira ha cuidado el aspecto defensivo, en el que hasta Kaká y Ronaldinho deben colaborar. Pero siguen mirando hacia adelante.
INGLATERRA Un equipo que no pita y pendiente de Rooney
Después de pasarse varias semanas pendientes de un pie, los ingleses ya están más tranquilos. Rooney está a punto. El gesto de Eriksson, cuando recurre a él en vista del empate ante Trinidad y Tobago, es el retrato de lo que espera Inglaterra. Que ese chico les lleve lejos y saque las castañas del fuego a un equipo que no pita. El gigante Crouch se ha convertido en el problema y la solución, un dilema que implica elegir entre un juego directo y de balones colgados o un fútbol más colectivo.
El problema es que hay más desajustes. Por nombres, Inglaterra tiene uno de los mejores centros del campo del Mundial, pero no hay manera de que la pareja Lampard-Gerrard conecte. Tal vez porque es un cromo repetido o porque juegan demasiado en paralelo y andan más pendientes de llegar a portería que de dar juego. Joe Cole es una buena salida y Beckham es el rey de las asistencias. A la espera del revolucionario Rooney, hasta ahora, Inglaterra es una decepción.
ITALIA El cambio de estilo se queda a medio camino
Italia ha aparecido por el Mundial marcada por la sospecha, pero más encantadora que nunca. Por lo menos en el primer partido contra Ghana. Lippi ha hecho una buena operación de imagen, en medio de la presión extradeportiva que sufre el equipo. La nueva Italia es un poco similar a la nueva España. Acostumbrados a ver siempre el mismo patrón, ha sorprendido por un cambio de estilo. Más joven, más elegante y nada aborrecible. Pirlo, el cerebro del Milan, cumple el papel de Xavi; Del Piero, que guarda turno en el banquillo, viene a ser como Raúl, y Toni sería Villa. Totti ha llegado justo a tiempo y ahora está por ver si coge el testigo de Baggio y Del Piero. Pero la nueva apuesta tiene sus incógnitas y estas aparecerán con más fuerza que nunca después del empate de anoche ante Estados Unidos (1-1), al que no pudieron derrotar ni jugando 10 contra 9. Italia se lo jugará todo contra la República Checa. El que pierda quedará fuera.
HOLANDA Una promesa para la que aún no ha llegado la hora
Mirando al banquillo es fácil adivinar el estilo de Holanda. Nadie como Van Basten para recuperar un estilo que en los últimos años se había ido maleando sin ofrecer resultado y que, con Van Gaal en el banquillo, la dejó fuera del último Mundial. El problema es que ese vuelta a los orígenes, al 4-3-3, ha dejado al equipo en manos de los extremos, una dependencia exagerada. Robben y Van Persie son el espejo de Holanda. Si ellos funcionan, todo es más fácil. No son solo un recurso, son el eje del juego, ante la ausencia de una pieza aún más imprescindible en esta escuela. El cuatro, el distribuidor. Cocu y Van Bommel no están para estos trotes y Sneijder tiene siempre a subir. Holanda da la sensación de ser una promesa, una idea en construcción a la que este Mundial le pilla demasiado pronto. No parece que haya llegado su hora.
PORTUGAL Un equipo con la misma base de la Eurocopa-04
Es difícil que Portugal tenga en el Mundial la oportunidad que dejó escapar en la Eurocopa. Mantiene la misma base, pero con dos años más, en lo que ya se vislumbra como el final de un ciclo y con un eterno problema por resolver, que ya les condenó en la final contra Grecia. Pasan los años y Pauleta y Nuno Gomes se mantienen como la referencia en ataque. Así que una de dos: o enganchan una racha excepcional o la segunda línea, Figo, Deco y Cristiano Ronaldo, han de compensar esa carencia. Como ayer, ante Irán. Tiene una gran resistencia y nunca es fácil ganar a un equipo de Scolari.
FRANCIA Los franceses apuran un equipo en decadencia
O mucho cambia Francia o no llegará mucho más lejos que en Corea, eliminada en la primera ronda. Lo peor del debut no fue el empate, fue la sensación de que a este equipo se le ha pasado la edad. No hay mejor retrato de esa decadencia que Zidane. O ese doble pivote Makelele-Vieira, obligado para proteger a Zizou, que parece de otra época. Teniendo en cuenta que, con Francia, Henry nunca es Henry, que Trezeguet está condenado al banquillo quejándose de la cobardía del seleccionador, Raymond Domenech, y que la nueva esperanza, el joven Ribery, no responde, parece difícil que Francia pueda volver a llegar a ser lo que fue. El campeón se ha hecho viejo.