• Samuel Etoo ha superado la efectividad del año pasado y ha sido una pieza determinante en la Liga y en la Champions La segunda prueba del 9
DAVID TORRAS
Samuel Etoo Foto: Jordi Cotrina
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El valor de Samuel Etoo va mucho más allá del Pichichi que ha estado persiguiendo obsesivamente durante dos años y que alcanzó el sábado en San Mamés. En solitario, por delante de Villa, como merecía. Etoo es también uno de los símbolos del cambio de ciclo que ha encumbrado al Barça y que ha enterrado al Madrid, uno de los rostros del círculo virtuoso y del desastre galáctico.
El día en que Florentino Pérez recibió la noticia de que el gran rival andaba tras los pasos del camerunés, no podía ni imaginar que estaba ante el principio de su propio fin. El día en que Florentino supo que el Barça andaba merodeando por Mallorca, al abordaje del goleador que nunca fue digno de entrar en la galaxia, no le dio mayor importancia y acabó abriéndole la puerta de salida, encantado de quedarse con la mitad del traspaso (12 millones de 24) y renunciar a un futbolista que no era santo de su devoción, encantado de quedarse con Ronaldo, con Raúl, con Zidane, con Beckham, encantado consigo mismo, incapaz de sospechar que dos años después de tomar el dinero de Etoo acabaría corriendo, saliendo por piernas del Bernabéu.
Fuera del Mundial
En el Camp Nou, Etoo encontró lo que llevaba tiempo buscando, un escaparate donde todo el mundo pudiera contemplarle, y el Camp Nou encontró lo que también llevaba años echando de menos, prácticamente desde que perdió de vista a Ronaldo después de disfrutarlo apenas un año: un goleador, el nueve que exige todo gran equipo. Y quién le iba a decir que se lo regalaría el Madrid.
Etoo llegó dispuesto a "correr como un negro para vivir como un blanco", y desde entonces no ha dejado de marcar goles, guiado por una ciega obsesión de reconocimiento, la búsqueda de un éxito personal que el año pasado se le escapó de las manos cuando Forlán le arrebató el pichichi en la fotofinis, pero que esta vez le ha llegado a lo grande, convertido en el máximo goleador del campeón de Liga y del campeón de Europa. La FIFA, además, lo eligió como el tercer mejor jugador del mundo, por detrás de Ronaldinho y Lampard, aunque en el fondo se sintió como si hubiera ganado.
Después, llegó otro premio menos excepcional para él, el Balón de Oro africano, que conquistó por tercera vez consecutiva. Ni siquiera Roger Milla, el ídolo que ha guiado los pasos de Etoo, tiene tantos galardones, ya que se quedó con dos premios (1976 y 1990). "Primero, quiero dedicárselo a mi madre; segundo, a todos los que me han ayudado en mi carrera y, especialmente, a todos los niños de África", dijo Etoo en la gala de Nigeria, ante las miradas de Laporta y Txiki.
Dos éxitos que sirvieron para mitigar el golpe de haberse quedado fuera del Mundial y olvidar aquel maldito panalti que falló Wome y que les cerró en las narices las puertas de Alemania cuando ya tenían los dos pies dentro. Ni siquiera pudo sacarse la espina en la Copa de África. Al contrario. Por desgracia, a su inicio fulgurante le siguió el disgusto de fallar el penalti que supuso la eliminación de los leones indomables en los cuartos de final ante Costa de Marfil. Lo hizo en una espectacular tanda que acabó con un resultado inusual (12-11) y que le obligó a chutar por segunda vez tras haber marcado el primer lanzamiento. Con Etoo en Egipto, Larsson pudo al fin cumplir el papel por el que se le trajo al Camp Nou. De regreso a casa, en un largo jet lag, el camerunés tardó en volver a ser el que era.
Golpe en el Bernabéu
A lo largo de la temporada, Etoo ha ido dejando fogonazos imborrables. Gol a gol, ha mantenido al equipo en momentos de dudas, justo lo que distingue a los nueves de verdad, capaces de dar por sí solos puntos que, sin ellos, habría que descontar. Etoo tiene otro don. Sus goles acostumbran a sumar más que los de otros. No suele marcar los tantos que acaban perdiéndose en el marcador, goles de bulto, no, suele marcar los que abren camino o los que acaban sentenciando un duelo incierto. Es lo que hizo en el Bernabéu, en Stamford Bridge y sobre todo, en Saint-Denis, momentos imborrables que todos los culés tendrán muy a mano en la memoria y en los que aparecerá la figura del camerunés.
El eslalon de Messi, la irrupción de Etoo, la media vuelta, el disparo seco, el 0-1, y su gesto desafiante en el banderín de córner, diciéndoles lo que cualquier madridista ya sabía, incluido Florentino, que habían hecho mal en despreciarle. La noche acabó con una imagen histórica, con el Bernabéu rendido y aplaudiendo al Barça, después de que a ese gol le siguieran dos explosivas cabalgadas de Ronaldinho.
En Londres, Etoo volvió a hacer una de las suyas. En el momento preciso, cuando el Chelsea se daba por satisfecho con el 1-1, un gran centro de Márquez encontró su cabeza en el segundo palo y el 1-2, o sea, más de media eliminatoria. En París, Etoo volvió a la vida al Barça cuando estaba cerca de morir.
"No juego más, me voy"
Ha habido otros chispazos a lo largo de la temporada, menos agradables, y que le han dado un protagonismo que hubiera preferido ahorrarse. La gota que colmó el vaso llegó en Zaragoza cuando un amplio sector de La Romareda le dedicó gritos de tono racista, una actitud común en otros campos. Ese día tuvo un efecto inesperado. De repente, Etoo se plantó. "No juego más, no juego más, me voy", repetía indignado. Estaba en el área zaragocista, esperando el lanzamiento del primer córner del Barça. Estaba junto a Álvaro, también negro, César y Ponzio. De la grada seguían brotando insultos. Etoo se dio media vuelta y empezó a caminar hacia el túnel de vestuarios.
Ronaldinho le agarraba de un brazo. Esquinas Torres, el árbitro, también. El colegiado madrileño no sabía qué hacer. Desesperado, trataba de disuadirle. Deco, Edmilson, Puyol intentaban frenar los decididos pasos de su compañero hacia el vestuario. Rijkaard y Ten Cate salieron al césped para cortarle el paso. Entre todos le convencieron. Todos volvieron al área. Se lanzó el córner y acabó en penalti. Gol de Ronaldinho. Dos minutos más tarde, el camerunés dio una mágica asistencia para que Larsson anotara el 0-2.
El pulso con Villa
La imagen de Etoo traspasó fronteras. En menos de tres semanas, la FIFA reaccionó y, al fin, dio un paso al frente en su deseo de luchar contra el racismo en el fútbol. El organismo internacional dejó el terreno de las palabras y las buenas intenciones, y aprobó la enmienda del artículo 55 de su código disciplinario, que estipula severas sanciones para los actos de racismo o de discriminación en los estadios. A partir de la próxima temporada, los clubs se exponen a castigos que van desde la suspensión de partidos y pérdida de puntos (3 en la primera infracción, 6 en la segunda y descenso de categoría en caso de reincidencia) hasta la exclusión de las competiciones. Otro gol de Etoo, mucho más vital.
Pero en la recta final, Etoo perdió chispa. En el fondo, desde que la Copa de África interrumpió su racha goleadora, no volvió a ser el mismo, incapaz de mantener el ritmo de la primera vuelta (18 goles en 19 jornadas). El camerunés sucumbió a menudo a la ansiedad y, cuanto más ofuscado juega, menos efectivo es. Bastó que Villa se le fuera acercando poco a poco para que reviviera el síndrome Forlán, que hace un año le arrebató el Pichichi en las últimas jornadas. La historia parecía repetirse. Lejos de jugar liberado, Etoo se fue cargando de presión y perdiendo el punto de mira, fallando lo que antes no fallaba.
Pero no hay quedarse con este Etoo. Hay que quedarse con el otro, con el que en el último partido se salió con la suya y deshizo el empate con Villa. El Pichichi no se comparte. Hay que quedarse con el Etoo de Saint-Denis, con el goleador que el Barça llevaba buscando desde hace tiempo. Y al fin lo ha encontrado.