• Koeman desea la victoria del Barça 14 años después de triunfar en Wembley Koeman: "Que ganen y así estaré más tranquilo"
DAVID TORRAS
Koeman lanza la falta que supuso el gol de la victoria blaugrana y la consecución de la Copa de Europa 1992 Foto: Jordi Cotrina
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Si todo sale como desea, este sábado tendrá el 20 de mayo más tranquilo de los últimos 14 años y los 20 de mayo que le quedan por delante ya no serán tan agitados como los que ha dejado atrás. Si todo sale como él desea, su teléfono no recibirá el sinfín de llamadas que cada 20 de mayo le llevaban a recordar y rescatar la imagen que todos los culés han revivido mil veces. Wembley. Minuto 111. Toca Stoichkov, para Bakero, chuta Koeman y el balón se cuela entre la barrera, inalcanzable para Pagliuca, en una escena tantas veces repetida que, a veces, hay quien teme que el final no sea el mismo y que, en realidad, nada de eso ocurrió. Pero así fue.
MÚLTIPLES RECUERDOS
Y desde aquel miércoles de 1992, Ronald Koeman no ha dejado de chutar esa falta. Desde ese día, cada 20 de mayo, esté donde esté, Koeman regresa a Wembley. Bueno, en realidad, le hacen regresar. A menudo, no cae en la cuenta de que no es un día como otro, pero siempre hay alguien dispuesto a recordárselo. "Felicidades", es uno de los mensajes que más recibe. "¿Felicidades? ¿Por qué? Si no es mi aniversario. ¿Qué día es hoy?", suele ser su primera reacción. En cuanto echa un vistazo al calendario, ya sabe que le espera una jornada movida, que ésa será la primera de muchas llamadas, y que tendrá que repetir lo que ya ha repetido un montón de veces. "He estado en el paraíso", dijo, poco después del gol, en medio de la fiesta del equipo, mientras todo el mundo se fotografiaba con la copa de las orejas grandes. Era la primera y entonces nadie podía imaginar que el tiempo pasaría, y seguiría pasando, y seguiría más sola que la una en el museo. "Cuando marqué no era consciente de la trascendencia que iba a tener el gol. Solo piensas que has ganado la final, no que vas a pasar a la historia, y mucho menos que tantos años después se siga recordando tanto", confiesa el técnico. Catorce años desde Wembley y 12 desde Atenas, el recuerdo que no se recuerda: "Mucho tiempo. Llegar a una final no es fácil, pero un club como el Barça tendría que estar ahí cada tres o cuatro años". "Mira que ganar con una falta ensayada, nosotros que no ensayábamos nada", rememoraban el otro día Txiki y Eusebio sobre la jugada del gol. "Es verdad --recuerda Koeman entre risas--. Eso te demuestra que una final nunca sabes cómo se va a decidir. Cualquier detalle vale. Para mí, la clave es controlar los nervios y estar tranquilo. Has de intentar hacer lo mismo de siempre, ser tú, y creo que el Barça puede hacerlo".
SIN CONFIANZAS
Y pensar que tuvo cerca la posibilidad de eliminarlo. Y pensar que, después del sinfín de ocasiones desperdiciadas por el Barça en Lisboa, Simao dispuso de un mano a mano con Valdés en el Camp Nou que habría podido cortar el camino a París. "Sí, le hicimos sufrir a pesar de que tienen mucha más calidad que nosotros y eran los favoritos. Eso también sirve para la final. Los partidos hay que jugarlos. Todo está a favor del Barça, pero no puede confiarse. Que piense en lo que le ocurrió al Milan el año pasado", advierte, destacando la línea ascendente del Arsenal. "Ha acabado muy bien y algo ha de tener un equipo que lleva tantos partidos sin encajar goles. Tienen menos calidad que el Barça, pero va a ser un partido complicado".
CAMBIO DE PLANES
Koeman no estará hoy en Saint-Denis. "Txiki me telefoneó para invitarme y pensaba ir, pero no puedo", dice, con cierto pesar. En una semana, su vida ha dado un vuelco. De tener que ir a Mozambique con el Benfica para disputar dos amistosos ha pasado a firmar por el PSV Eindhoven, con el que ganó su primera Copa de Europa antes de fichar por el Barça, para ocupar el puesto de Hiddink. Otra mudanza. Se ha quedado unos días descansando en El Algarve, donde acaba de estrenar casa junto a un espectacular campo de golf, y probablemente tendrá que viajar a Eindhoven para planificar la temporada.
Así que esta noche, bajo el recuerdo de las imágenes de Wembley, con Eusebio peleando en el suelo, Hristo y José Mari, el balón colándose entre la barrera, el vuelo inútil de Pagliuca, la locura y la gloria, bajo el dulce peso de la memoria, Koeman se sentará ante el televisor con una cerveza y un deseo: "Que gane el Barça". Y, tras decirlo, de todo corazón, lanza un último guiño: "Que gane el Barça y así estaré más tranquilo. Y que marque Van Bommel ".