Miercoles, 17 de Mayo de 2006 a las 10:06
• Edmilson siempre hojea el libro sagrado y reza antes de los encuentros para sentirse protegido y para pedir por todos sus compañeros Edmilson: "Leeré un pasaje de la Biblia"
Marcos López
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Edmilson Foto: Jordi Cotrina
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He tenido el placer de estar en los dos mejores partidos que puede disputar un profesional. Estuve en Yokohama, en Japón, cuando ganamos el Mundial con Brasil, hace ya casi cuatro años. Y ahora me encuentro en París, a punto de jugar mi primera final de la Champions.
Para mí es algo diferente porque en la Copa del Mundo llevábamos casi 50 días juntos y aquí acabamos de llegar, como aquel que dice, a París. Es evidente que ese frío en el estómago lo tienes, claro que lo tienes.
El habla como terapia
Es el partido más importante que puedes jugar en Europa. Pero, de verdad, es algo diferente porque sentía más, mucha más presión en Yokohama. ¿Cómo la manejaba? Nos reuníamos los atletas de Cristo de la selección. Lucio, del Bayern de Múnich; Kaká, del Milan, y yo. Hablábamos mucho de la final, del fútbol, de la vida. Además, Scolari hizo un gran trabajo para que no nos sintiéramos ansiosos. Nos ponía vídeos de gente de Brasil para motivarnos, de nuestras familias.
Aquí ha sido distinto porque lo importante es no cambiar nuestra rutina. Habría sido peor venir antes a París, habría creado más presión. Por eso, creo que el míster ha hecho bien. Tampoco es bueno estar todo el día hablando del partido, del Arsenal, de Henry. Al menos hasta que no llegamos aquí.
El otro día se lo decía a un amigo: "Es mejor estar así en las semanas previas a la final. Ya sabemos cómo juega, no necesitas estar cada hora hablando de ello". Prefiero preparar así las cosas.
Sin supersticiones
Antes de la final, por ejemplo, seguiré con el libro que tengo entre las manos. Enganhado eu. Lo estoy acabando. Habla de una persona que nunca pensó que se había engañado a sí mismo. Hasta que un día se dio cuenta de que sí lo estaba porque hacía las cosas equivocadamente. Cometía muchos errores en todos los ámbitos de la vida. Un día se percató de que estaba por el camino errado y se preguntó: "¿Yo he fallado? Yo no. Yo soy un gran estudioso, conozco el mundo, soy rico, tengo amigos". Pero entonces descubrió que se había engañado a sí mismo. Intentaré acabarlo antes de la final.
No soy un tipo que tenga muchas supersticiones. Es verdad que me han dado unas botas nuevas de Nike para estrenar esta noche, pero no lo haré porque no las llevo cómodo. Llevaré las de siempre. No tengo supersticiones, apenas hablo por teléfono (solo con mi mujer antes de los partidos) porque mi familia sabe que si no es algo muy grave no me tiene que llamar. Eso sí, antes de salir de mi habitación para ir a la charla del entrenador haré mi oración, leeré un pasaje de la Biblia y pediré a Dios que me proteja. Y que nos proteja a todos."
EL PERFIL DE EDMILSON
En Brasil nunca llegó a ser muy querido. "Era vaiado", recuerda ahora sin queja alguna de su paso por el Sao Paulo, el club que lo llevó a Europa, empezando por Francia, la puerta más usada por los brasileños. Vaiado es silbado. Vaiado es criticado. Vaiado es entrar cada día en Morumbí, el templo del club paulista, y no ser realmente querido por nadie. Llegó Edmilson en mala época. Venía del interior de Brasil, de un club modesto, el XV de Jaju, y apareció por la mayor metrópoli del país cuando el club estaba en decadencia, tras los grandes éxitos conquistados por Telé Santana, con dos Mundiales de clubs (uno de ellos ganado al Barça en Tokio en diciembre de 1992).
Edmilson apareció siendo interior, lo colocaron de centrocampista defensivo, luego de central y hasta de lateral derecho, empeñados en el Sao Paulo en sacarlo del campo como fuera. Tras varios años de ser "vaiado", cogió la maleta y se marchó. En el Sao Paulo pensaron que había hecho el negocio de su vida en el 2000. Ocho millones de euros pagó el Lyón.
En cuatro años, Edmilson fue campeón del mundo y se transformó en un futbolista "moderno", a ojos de Carlos Alberto Parreira, el seleccionador brasileño. Mientras, una lluvia de títulos caía sobre él. Nueve en seis años en Europa: 3 Ligas francesas (2002, 2003 y 2004), 1 Copa de la Liga francesa (2001), 2 Supercopas (2003 y 2004), y 2 Ligas y 1 Supercopa con el Barça. Ya nadie silba a Edmilson.