el entorno . com  -  Noticiario del Barça
  2 de Diciembre de 2008     Edición de las 12:54 h.  


 
Fútbol

Ver noticias de champions
Miercoles, 17 de Mayo de 2006 a las 10:04
• El Arsenal confiará en Henry para golpear y el Barça esgrimirá su mejor técnica para ganar
Velocidad contra control, el duelo de la gran final


MARCOS LÓPEZ

PUBLICIDAD
En el Barça, desde hace muchos años, no desde ayer, el que corre es el balón. En el Arsenal, los que corren son los jugadores. Y mucho. Y bien. Y, a menudo, hacia adelante. Esa es la sustancial diferencia táctica de dos equipos construidos para atacar, aunque por vías diversas. Al Barça le encanta que la pelota viaje rápido, de pie en pie, tendiendo sigilosamente una emboscada al rival.
Al Arsenal no le importa echarse atrás, proteger al alemán Lehmann, un portero de 36 años que ha derrocado el mito de Kahn en Alemania, y después desplegarse por todo el campo como un ejército, muy organizado, eso sí, para llegar al área contraria. Viven agazapados, atentos a robar el balón y, una vez es suyo, lo juegan con criterio, adivinando por dónde se va a colar su gente.

LA REFERENCIA DEL ATAQUE
Por supuesto, siempre miran a Thierry Henry, el faro que ilumina absolutamente todas sus acciones de ataque. Esta noche, sobre el jardín de Saint-Denis, en el futurista estadio ubicado al norte de París, se verá quién corre más: ¿El balón guiado por el Barça o los soldaditos, la mayoría extranjeros, del Arsenal?

"Lo difícil es recuperar el balón", dice Wenger
El Arsenal defiende bien, sostienen todos. Es cierto. Lleva 10 partidos consecutivos sin encajar un gol. Y todos, por supuesto, en la Champions, es decir, camino de París. Como tarjeta de presentación no está mal, nada mal. El último fue el 22 de febrero en Múnich. Desde entonces, Lehmann, el excéntrico Lehmann, no se ha vuelto a agachar para recoger un balón de su red.
Pero aún defendiendo bien, eso es evidente, el Arsenal ha concedido muchas ocasiones de peligro en esos partidos. El último, sin ir más lejos, la semifinal de vuelta del Madrigal contra el Villarreal. Acabó 0-0, con el penalti parado de Lehmann a Riquelme, pero el conjunto inglés vivió al borde del colapso defensivo. La gran ventaja para el Arsenal es que defiende con muchos jugadores. Hay cuatro que no se despegan del área propia (Eboué, Touré, Campbell y Cole, si finalmente, es titular), con un quinto defensa colocado por delante de ellos (Gilberto Silva).

POCO A POCO, SIN PRISAS
Al Barça, como ya le sucedió en Londres con el Chelsea o en San Siro con el Milan, le toca madurar el partido. Ir domesticando, en la medida en que el Arsenal se lo permita, a esos jóvenes impetuosos, excepcionalmente dotados en el plano físico (sobre todo Eboué, Touré y Cole, aunque sale de una grave lesión), para encontrar el espacio adecuado. De la defensa del Arsenal se hablan maravillas desde hace meses.
Pero se olvida, al mismo tiempo, que el Barcelona lleva cuatro partidos imbatido. Ni Benfica ni Milan pudieron con Valdés, cuyo último gol encajado se remonta al de penalti que firmó Lampard en el Camp Nou en la vuelta de los octavos de final. Desde entonces, el equipo de Rijkaard se ha solidificado de tal manera que tiene un insólito aire italiano. Aunque el técnico sabe que la mejor defensa es tener el balón. El Arsenal no lo querrá. O no lo podrá tener. Pero el Barça lo necesita. Lo necesita para desgastar la obra de Wenger, para ir minándola, no solo físicamente sino en el plano sicológico, hasta encontrar la llave del triunfo. No es casual, nada casual, que acabara con el Chelsea, Benfica y Milan por el mismo procedimiento. Muerte lenta. Ni siquiera súbita. En la segunda mitad, siempre.

DETRÁS DEL BALÓN
Wenger, fanático de las estadísticas y estudioso de cualquier detalle, por irrelevante que parezca, lo sabe. "Lo más difícil contra el Barça es recuperar el balón por la circulación tan rápida que practican. Presionan muy bien y, sobre todo, muy rápido. Si logramos salir de esa primera línea de presión, tendremos ocasiones". Ese es el mensaje de Wenger. Rijkaard, en cambio, trabaja en dirección contraria. Si el Barça roba balones en la construcción del juego del Arsenal, les pillará desprevenidos y, lo más importante, desorganizados. Algo que resulta poco menos que una herejía en un equipo de Wenger.

La mejor defensa contra el mejor ataque
Sabido es que el Arsenal defiende bien --o, al menos, defiende con muchos jugadores--, pero tampoco se ha encontrado hasta hoy con un equipo como el Barcelona, bicampeón de la Liga española, dotado de una gran maquinaria ofensiva.
Ronaldinho, con 7 goles; Etoo, con 5, y Giuly, con 1, suman 13 tantos, uno menos que todo el Arsenal en la Champions. Pero no resulta ese el principal problema al que se enfrenta Wenger esta noche.

PURO ATAQUE
No hay ningún equipo en el mundo que juegue como el Barça. En ataque, al menos. O sea, con tres delanteros que estiran el campo de punta a punta, capaces de sorprender en velocidad (Giuly), de aniquilar al portero (Etoo) y de convertir una pelota intrascendente en algo mágico con un simple detalle (Ronaldinho). Hasta hoy, el Arsenal jamás se ha medido a un equipo así. Con tantos recursos para aparecer en el área contraria.
Todos saben cómo juega el equipo de Frank Rijkaard, con ese seductor 4-3-3. Pero nadie lo ha detenido. Nadie ha encontrado el antídoto. El Milan, por ejemplo, estaba defendiendo de maravilla. Con hasta siete jugadores por detrás de la pelota cuando Ronaldinho levantó la cabeza y vio a Giuly. De repente, se produjo una conexión y el Barça llegó volando a París, mientras el Milan sigue pensando en ese fantástico pase del brasileño que le echó de Europa.

PURA MAGIA
En esa capacidad de improvisación radica el éxito ofensivo del Barça. Primero porque aprovecha todo el campo. Lo estira al máximo como si fuera un chicle. Segundo porque detrás de ese trío hay dos jugadores que no paran de abastecer balones (Deco e Iniesta son los carteros). Y, tercero, porque detrás del trío, detrás de los suministradores de gasolina, hay un triángulo defensivo (Puyol, Márquez y Edmilson) que protege a Valdés.
Llevan mucho tiempo jugando juntos. Ya no se puede decir, aunque sea su primera gran final, que no han jugado ese partido nunca. Lo han jugado tantas veces que están cansados de imaginarlo, de prepararlo y de ganarlo. Porque, encima, con lo fácil que han ganado la Liga, han tenido tiempo suficiente de mentalizarse para la noche de hoy. París se nos antoja a todos el mejor lugar para soñar. También a ellos.



 

elentorno.com. © Copyright 2000-08, Todos los derechos reservados
Todas las marcas y logotipos son propiedad de sus respectivos dueños.