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Fútbol

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Miercoles, 17 de Mayo de 2006 a las 10:03
• Ten Cate, Eusebio, Unzué, Vilaseca y Lainz han preparado todos los informes sobre el equipo de Wenger que Rijkaard utilizará en la charla táctica con los jugadores
La caja negra del Arsenal


MARCOS LÓPEZ

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Aquella mañana había trasiego de DVD del Arsenal, informes, planes urgentes de viajes a Londres, circulando por las oficinas del Camp Nou. El Barça jugaba esa misma noche, pero no contra el club inglés. Era el pasado 26 de abril y disputaba la vuelta de las semifinales ante el Milan en el Camp Nou. Pero ahí dentro, en esos despachos de los técnicos que ayudan a Frank Rijkaard sin que mucha gente lo sepa, nadie hablaba ya del equipo italiano. Ahí dentro solo había ojos para el Arsenal porque detrás de la sonrisa de Ronaldinho se esconde un científico trabajo, aunque a Rijkaard no le gusta presumir de lo que hace.
Y hoy, en la suntuosidad del hotel de Versalles donde Toni Bruins Slot se dejó una notas en la mesilla del París SG-Barça de 1995 que luego salieron a la luz, Rijkaard dará la última, y breve, charla táctica al equipo antes de pisar Saint-Denis. Como siempre, no durará demasiado. No habla mucho Frank.

Los ayudantes
Será la última del día porque antes hay dos sesiones programadas de DVD del Arsenal. En poco más de 20 minutos se compilan tres semanas de trabajo de seis personas. Los cuatro conocidos (Rijkaard, Ten Cate, su ayudante; Eusebio, su otra mirada; y Unzué, el entrenador de porteros). Y dos que viven en el anonimato. Joan Martínez Vilaseca, el Willy Fog del Barça, porque está siempre viajando, espiando a rivales, la persona que trabajó junto al sabio Oriol Tort, ya fallecido, el descubridor de Amor, Milla, Guardiola, Ferrer, Sergi, o más recientemente de Iniesta. Martínez Vilaseca va con la maleta en la mano, ha visto varias veces al Arsenal en directo, mientras el periodista Lluís Miquel Lainz, que también se ha sacado el título de entrenador, no se mueve de las catacumbas del Camp Nou.
Su voz será escuchada hoy por los jugadores del Barça en el primer DVD. Una voz en off que les alerta de aspectos técnicos, tácticos y estratégicos del Arsenal. Algo digerible. Nada pesado. En ocasiones, usa la música como fondo. Hoy, no. Hoy tiene bastante con ambientar esas imágenes con el himno de la Champions porque no existe mayor carga psicológica que ese canto introduciéndose en el cerebro de los jugadores. ¿Alguna imagen de Wembley? Ninguna, que se sepa. ¿El partido entero? Ni locos. Rijkaard no tortura al equipo con grandes charlas. Ni con grandes debates. Usa la tecnología, pero no alardea de ella. A él, por ejemplo, cuesta verle hablando por el móvil. Es moderno, pero con aroma de antiguo. Así es el Barça también. Un equipo que parece despreocupado, fiándolo todo a la sonrisa de Ronaldinho, como si no preparara nada, viviendo en el mundo de la improvisación cuando en realidad lo tiene todo previsto.

La estrategia
Visto el primer DVD, escuchada la voz de Lainz (cuando el Barça juega en casa lo hace personalmente), le tocará a Unzué, el técnico que ha modelado el carácter de Valdés, presentar la segunda película previa a la final. También corta. Mucho más concreta. Con las jugadas de estrategia del Arsenal. Tanto en defensa como en ataque. "Se parece mucho al Chelsea. Cuidado, ¡eh! Son muy fuertes en los balones aéreos y crean mucho peligro", escucharán los jugadores del Barça. ¿Cómo se combate eso? Muy fácil, que diría Cruyff. Y suscribe también Rijkaard. No haciendo faltas. Ni cediendo saques de esquina. En el Barça-Chelsea de esta temporada, jugado en Stamford Bridge, los azulgranas no regalaron ningún córner y sólo le marcaron un gol. De penalti.

Estudio minucioso
Del Arsenal, los técnicos saben todo lo que se puede saber. Han destripado, literalmente destripado, los 12 partidos que ha jugado el equipo de Wenger en la Champions. Vilaseca los ha visto en directo, Eusebio en su casa con los 10 DVD que se llevó, Ten Cate otros 10, y Rijkaard, aunque no lo confiese, también ha visto varios partidos, sobre todo el triunfo en el Bernabéu y cómo eliminaron a la Juventus.
Por eso, cuando hoy Unzué despliegue la hoja blanca en el hotel de Versalles no habrá secretos para nadie. Esa gran hoja está en blanco y el técnico, con un juego de etiquetas movibles de cada jugador, irá colocando el equipo titular del Arsenal. O el que espera que juegue.
Debajo de cada foto del futbolista hay escritos algunos datos básicos (edad, estatura, pierna dominante, característica técnica más destacada) para ilustrar lo que espera a los azulgranas en unas horas.

Deberes en casa
Tal vez no haga falta siquiera que Unzué se acerque a Valdés para darle las últimas consignas sobre el ataque del Arsenal. Ni sobre Henry. Hace ya unos días que varios DVD del conjunto inglés viajaron del Camp Nou a la casa del portero azulgrana. En esas tardes de tedio, conectaba el aparato y se ponía a estudiarlos. Solo. En la intimidad de su domicilio. Frente a frente con el goleador francés, visualizando cada uno de sus movimientos, de sus caídas a la banda izquierda para abrir agujeros.
El portero azulgrana, claro, no se ha percatado de un detalle. Ni Valdés ni nadie de la plantilla. Hoy comerán lo mismo de siempre. En un bufet. Cada uno a su aire. Una comida, como recomiendan los médicos, rica en hidratos de carbono. Ensalada para empezar (cada uno la hace a su gusto), arroz o pasta de primero (a este equipo le gusta mucho más lo primero) y pollo a la plancha o pescado, con verdura escalivada. Hasta aquí nada extraordinario. Pero desde el lunes hay un cocinero del Barça, el que está en La Masia, supervisando los fogones del hotel. No hace la comida. Solo mira.
En la última jornada de la Premier, con el cuarto puesto en juego, el que da acceso a la ronda previa de la Champions, los jugadores del Tottenham sufrieron problemas intestinales por una mala comida. Y la prensa británica denunció que el cocinero era del Arsenal. Por si acaso, el Barça ha enviado a Fernando Redondo, el cocinero de La Masia. Lo hizo en secreto para aislarlo de la presión mediática a la que se podría haber visto sometido. Tras la comida y la sesión técnica de DVD, toca dormir la siesta. Los que puedan, claro.
Al despertarse les espera la merienda, la charla y, tal vez, la gloria. En función de cómo vea al equipo, el técnico dará un mensaje u otro. Eso sí, no tiene nada preparado. "Me gusta ser natural", dice.
Terminada toda esa puesta en escena --nada diferente, por cierto, a la de cualquier otro partido--, Unzué recogerá la gran hoja con las fichas de los futbolistas del Arsenal, Eusebio se echará la mochila a la espalda como un colegial, Ten Cate y Rijkaard apurarán el último pitillo y los jugadores, aislados en sus reproductores de música, irán abandonando el hotel subiendo en el autobús, cruzando saludos con Salvador Bertomeu, el conductor que les lleva por todos los sitios.
Sylvinho escuchará música gospel americana; Gio, su colega en la banda izquierda, tomará asiento en el bus a ritmo de rap, mientras Valdés, quizá, recuerde alguna de las escenas de la película de El Padrino, que ha visto en su ordenador portátil antes de salir. "Yo no escucho nada, no tengo ni Ipod máquina!", cuenta Xavi. Márquez, en cambio, se motivará con Aerosmith, sin olvidar su origen mexicano al escuchar a Maná.

Los jefes, delante
En el asiento delantero, junto al pasillo, estará sentado Rijkaard. Cerca de Ten Cate. A Iniesta ni se le habrá visto pasar. No hace ruido. No habla por no molestar. A Oleguer, tampoco. A Deco, con ese aire melancólico que le caracteriza, costará encontrarle. A Etoo se le verá serio, aplastado por unos gigantescos auriculares que desprenden música africana. "La de siempre, hermano. La que escucho cada día".
Tal vez deban esperar a Ronaldinho, quien acompañado de su inconfundible bolsa negra de deportes, inspirada en los años 60, entrará en el autobús con la sonrisa de siempre y la música pagode brasileña flotando en sus oídos. El estadio de Saint-Denis estará esperando al equipo.




 
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