• El Barça luchará esta noche por el trofeo que ha perseguido durante más de una década El final del camino
DAVID TORRAS
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En París echó a andar la Copa de Europa y a París ha vuelto al cumplir medio siglo de vida, lista para echarse en brazos de un nuevo campeón después de vivir un año en Liverpool. El Barça desembarcó ayer en la ciudad desde la que llegó el mesías, Ronaldinho, convencido de que ha llegado el día y la hora de poner fin a una larga espera, de renovar el gastado recuerdo de Wembley y volver a casa con la Champions.
En este cara a cara con el Arsenal, no hay rastro de miedo, el sentimiento que marca al culé desde que nace, y que este equipo ha desterrado en dos años, con una Liga tras otra, en el preámbulo de lo que puede ser el punto y seguido de una gran historia que tiene pinta de que acaba de empezar.
El recuerdo de Wembley
Hay ganas de que siga la fiesta y de que mañana Barcelona salga otra vez a la calle. De momento, unos 21.000 culés estarán en París, una cifra minúscula de afortunados. Algunos han pagado una millonada --hasta 3.000 euros--, impulsados por una corazonada, como si supieran que lo que van a vivir no tiene precio. En el palco, junto al Rey Juan Carlos, José Luis Rodríguez Zapatero vivirá su gran estreno como militante culé. En todo el mundo, 300 millones de personas serán testigos de lo que ocurra. En Saint-Denis, el mismo escenario donde la Francia de Henry se coronó campeona del mundo (1998) ante Brasil, el Barça se enfrenta a un título con el que siempre ha mantenido una extraña relación, un amor no correspondido, un idilio imposible que tiene, a menudo, algo de masoquista.
Desde siempre, o tal vez desde Berna, desde los postes cuadrados del Wankdorf Stadium, la Copa de Europa ha sido para este club una especie de Santo Grial perseguida sin desmayo, en medio de grandes disgustos (Berna, Sevilla, Atenas) y que solo logró atrapar en Wembley en una dulce sensación que perdura en la memoria y que mantiene a aquellos campeones, al dream team, en un altar. Catorce años después de la ascensión por aquellos 39 escalones y 12 después de bajar de las nubes en Atenas, en el final del dream team, el Barça ha acabado con tan larga espera y vuelve a tener a la vista esa copa orejuda, más encantadora y reluciente que nunca.
La lista del aniversario
En su 50° cumpleaños, la UEFA no se ha conformado con hacerle un lifting al trofeo, lo ha hecho renacer, con un trofeo creado especialmente para la ocasión, que lleva inscritos los nombres de los campeones. Por cierto, el Arsenal no figura en esa larga lista. Es su primera final de la Champions y su gloria en Europa se reduce a una Recopa.
El Barça no ha necesitado que nadie le invitara a esta fiesta de aniversario. Se ha invitado solo. Desde que se inició la temporada, en el calendario culé, un círculo rojo rodeaba la fecha del 17 de mayo. En el vestuario del Camp Nou, también, aunque ahí dentro lo miraban de reojo, con un velo de prudencia, conscientes de que antes había que pasar un montón de hojas.
Y es lo que ha hecho el equipo, ir pasando hojas, ir pasando obstáculos, Werder Bremen, Udinese, Panathinaikos, Chelsea, Benfica y Milan. Y lo ha hecho mientras también iba pasando por encima de todos en la Liga. Por cierto, el Arsenal ha celebrado por todo lo alto ser cuarto (por los pelos) en la Premier y con una intoxicación de por medio de su rival, el Tottenham.
Elenco de artistas
José Mourinho, el campeón inglés, el amante del buen teatro, puede ver hoy una gran obra, una obra en la que él participó con éxito hace dos años, pero a la que ni con todo el dinero de Abramovich ha podido volver. El artista que le echó a patadas del escenario, un joven talento desvergonzado, Leo Messi, no estará entre los 11 elegidos pero a última hora podría colarse en el banquillo. Sí estará Deco, el único campeón de la final, loco por llevarse la segunda, para él y para el Barça.
Y estará, claro, Ronaldinho, que regresa a París convertido en un futbolista excepcional, en el más admirado, en el más temido, en el más deseado, en definitiva, en la carta que puede convertir el póquer de ases (Di Stéfano, Pelé, Cruyff y Maradona) en un repóquer, en el quinto magnífico.
Henry, querido enemigo
Enfrente, también hay un futbolista excepcional. Curiosamente, el peor enemigo del Barça hoy es el más querido, la pieza por la que lleva suspirando desde hace tiempo y, justo ahora, cuando más cerca parecen el uno del otro, el destino les ha condenado a pelearse. Quién sabe si el desenlace del duelo condicionará el futuro de Henry, la decisión que pretende anunciar dentro de unos días, antes de enrolarse en el Mundial con Francia. La conexión preferida de Henry también es alguien especial, un culé que soñaba con ser Guardiola, que dejó el Camp Nou en busca de fortuna y que la ha encontrado en Londres: Cesc Fábregas.
Barça y Arsenal han llegado al final del camino sin haber perdido un partido, pero eso ya es historia pasada. Ahora, ya solo queda París. Un último paso que el Barça afronta con la sensación de estar frente a una ocasión que no puede dejar pasar. Es el día que anda esperando se diría que toda la vida. El día D. El día señalado para conquistar Europa.