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Martes, 16 de Mayo de 2006 a las 10:16
• Gio y Sylvinho jugaron dos años en el Arsenal antes de llegar al Barça
Recuerdos de Highbury


JOAN DOMÈNECH

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Le habían dicho que el Arsenal era un club de Londres, pero nunca imaginó que necesitaría una hora larga de reloj para llegar a la ciudad. Debía entrar en la estación de metro de High Barnet, la última de la línea negra, la Northern, que era la más cercana a su casa. Tenía 24 años, no había salido nunca de Sao Paulo y el sol brillaba por su ausencia. Sylvinho sonríe ahora al recordar la angustia que sentía en los primeros meses, cuando ni siquiera se atrevía a salir del hotel porque "no entendía un pepino y me daba mucho corte", o el día en el que se decidió a coger el coche y tardó cuatro horas en llegar al centro. Fue el primer brasileño de la historia del club. "Es un honor, pero que vengan más", pensaba, hasta que llegó su mujer y dejó de sentirse solo en un mundo extraño.
Gio van Bronckhorst no se veía extraviado ni lo pasó tan mal. Procedía de Escocia, había cumplido los 26 y hablaba inglés. Pero tampoco creía estar en Londres. Debía viajar a la ciudad. También vivió en el norte, porque en las interminables afueras de la capital inglesa se ubica London Colney, el centro del entrenamiento del Arsenal. Su parada era Cockfosters, la última de la línea Picadilly, la azul marino. Una hora y media de metro tardaba. "Solo iba a la ciudad si teníamos fiesta".

Uno detrás de otro
Curiosidades de la vida: dos de los últimos laterales izquierdos del Arsenal han acabado en el Barça. Ahora jugarán su primera final de la Champions ante su exequipo. No coincidieron en Highbury. Sylvinho estuvo entre 1999 y el 2001; Gio fichó tras la marcha del brasileño y duró hasta el 2003. Su experiencia fue corta, y eso podría hacer creer que esa etapa fue mala. Pero la recuerdan con cariño, especialmente por el trato que recibieron de Arsène Wenger y el ambiente del vestuario. "Es uno de los mejores entrenadores que he tenido", subraya Gio, una frase que también repite Sylvinho. "Un caballero, me sentí muy a gusto con él. Organizado, amante de la disciplina, lo controla todo. Cuando daba una bronca, sabía cómo y cuándo darla".
Wenger viajó a Brasil para convencer a un reticente Sylvinho, harto de la cantinela de si era la Sampdoria o el Inter quien le quería. Después de un partido del Corinthians le dijeron que el Arsenal había acudido a verle. Se presentó después de la cena. Allí se encontró con el técnico francés, su ayudante Pat Rice y un agente. "Hablamos 10 o 15 minutos, en una semana lo arreglamos y me fui de vacaciones".
A Gio también le convenció Wenger. Tenía "un 90% de posibilidades de firmar por el Chelsea", pero le convenció en un momento gracias a sus dotes de persuasión, al mejor equipo que tenía y a la confianza que depositaba en él. "Estaba lesionado en el pubis, no podía jugar", comenta el holandés.
"No me enteraba de nada en el vestuario --admite Sylvinho--, pero sabía que había grandísimos futbolistas: Bergkamp, Vieira, Overmars, Kanu, Petit... Me relacioné bastante con Suker, que hablaba español, e hice una gran amistad con Nelson Vivas, un argentino". El lateral azulgrana fue uno de los primeros fichajes de Wenger para empezar a rejuvenecer la defensa. Dixon y Winterburn sobrepasaban con generosidad los 30 años, igual que el portero Seaman, y Adams y Keown ya los tenían. "Wenger no me apuró ni me metió prisa, decía que fuera a mi aire para coger la forma, y eso me ayudó mucho".

Mediocentro o interior
Tampoco el técnico presionó a Gio. Le necesitaba recuperado para jugar de centrocampista, de mediocentro junto a Vieira o de interior, en lugar de Overmars. No jugó nunca de lateral porque lo hacía quien fue, precisamente, el sustituto de Sylvinho. Ashley Cole era un producto de la cantera y ascendió al primer equipo con 19 años. Lleva ya seis temporadas defendiendo el lado izquierdo.
Sylvinho y Gio se marcharon porque jugaban menos de lo que esperaban. El brasileño se turnaba con Cole, pero quería continuidad para debutar un día en la selección brasileña. Gio se rompió los ligamentos cruzados de la rodilla y perdió el sitio. Por distintos caminos, han coincidido en el Barça y tienen que repartirse los minutos como buenos hermanos.



 
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