• Rijkaard comparte el mensaje de Cruyff en Wembley para afrontar la final con el Arsenal Rijkaard: "Hay que disfrutar"
DAVID TORRAS / MARCOS LÓPEZ
Frank Rijkaard Foto: Jordi Cotrina
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Si el entrenador es el reflejo del equipo, el Barça tendría que estar la mar de tranquilo. Hace días que Frank Rijkaard tiene la final en la cabeza, pero no anda obsesionado ni más alterado de la cuenta. Nunca lo está. Rijkaard es siempre el mismo y quizá ese es el secreto del éxito, esa sensación de calma que transmite y que jamás pierde. No lo hizo en los peores momentos, cuando estuvo bajo sospecha, más cerca del despido que de la continuidad, y no lo hace ahora, cuando a las puertas de París, concedió una entrevista a EL PERIÓDICO DE CATALUNYA. En esa obsesión por huir del protagonismo, se diría que a Rijkaard casi le incomoda obligarle a echar la vista atrás y hablar de su propia historia, de sus éxitos.
--Usted tiene tres.
--¿De Champions? Ah, sí.
Lo dice sin querer decirlo. A otros, les pasa lo contrario. Cruyff, por ejemplo, solía repetir la misma frase al hablar de sus tres títulos como futbolista: "Solo me acuerdo de que yo era el mejor". A Mourinho le costó muy poco echar por tierra al Barça con una odiosa comparación: "Yo tengo las mismas Copas de Europa", dijo hace un año cuando echó a Rijkaard de la Champions. De momento, las sigue teniendo, pero el miércoles podría quedarse atrás.
--Muchos jugadores extranjeros que vienen al Barça no saben que el club solo tiene una Copa de Europa. --Es normal. Si no conoces la historia, piensas que ha ganado muchas más. Pero eso es un valor añadido del Barça porque siempre ha sido considerado como unos de los grandes clubs del mundo, es decir, que tiene algo más. Pero, bueno, ha jugado cuatro finales.
Cuatro finales y un sólo título. Cuatro finales y tres grandes decepciones: Berna, Sevilla y Atenas. Ha costado 12 años llegar a esta cita, 12 años bajo el recuerdo del 4-0 de Atenas. Después de tanto esperar, los culés viven en un estado de agitación que Rijkaard palpa. --Sí, claro, hay mucha ilusión en el entorno, es lógico, y me gusta que la gente tenga ese sentimiento porque significa que cree en nosotros, que el equipo transmite esa sensación de confianza. Al equipo lo veo con muchas ganas, pero menos eufórico porque sabe que la final es complicada. Creo que esta tiene que ser la dinámica en un gran club, que exista esa confianza. Otra cosa es conformarse y pensar que va a ser fácil. Tampoco ha sido fácil lograr esta dinámica. Hace tres años, el club vivía sumido en la depresión y no se veía el final del túnel. "Veo una mezcla de ilusión y miedo", fue el análisis que hizo Rijkaard al poco de llegar en la primera entrevista con este diario. El miedo ha desaparecido, más allá del que se pueda sentir ante una posible derrota en París.
--¿Pensaba que en tres años el cambio iba a ser tan espectacular? --Nunca he tenido miedo. Pero en aquel momento se produjo un cambio de directiva, un nuevo proyecto y lo que vi era una buena plantilla, pero sin unidad. En esa situación, cada uno está pensando si no ganamos, no será por mi culpa. Nadie conecta con nadie y entonces el equipo es muy vulnerable. Cuando los jugadores están dispuestos a ayudar y se crea esta dinámica entre ellos, ya has dado un gran paso. Y no sólo los jugadores. Toda la gente del club. Cuanto más unidad hay en un club, más fuerza tiene. A Arsène Wenger, en cambio, le ha costado 10 años llegar a esta cita, un larguísimo recorrido en el que ha invertido tiempo, dinero y un sinfín de jugadores. --Hace tiempo que, por su fútbol, el Arsenal es un candidato para ganar algo en Europa y ha llegado a la final con un equipo bastante nuevo y bastante joven. Ha eliminado al Madrid y a la Juventus, ha encajado muy pocos goles, tiene una buena mentalidad, funciona como un organismo. Se merecen estar ahí. Fiel a su estilo, Rijkaard prepara la final con los hábitos de siempre. Nada fuera de lo normal, convencido de que el equipo va metiéndose en el partido por sí solo. --No hay que cambiar y veo que el equipo está siguiendo un proceso lógico, ni hay que acelerarlo ni frenarlo. Está aumentando la tensión, la ilusión, las ganas, no veo cosas raras. Hay que disfrutar. Justo el mensaje que pronunció Cruyff en Wembley, y que Rijkaard repite sin ser consciente de ese nexo de unión. "El fútbol es un juego, serio, pero un juego. Me gusta esa palabra desde pequeño", dice, y le añade otro de sus conceptos preferidos y que ya no está tan cerca de Cruyff: equilibrio. "No puedes entrar en el campo solo con tensión o con responsabilidad, ni tampoco pensando solo en divertirte. Hay que conjugar ambas cosas". --¿Y Ronaldinho? ¿Qué papel juega en esta historia? Que diga que no sueña con ser Koeman sino con ganar, es un ejemplo de solidaridad. --Sí, es verdad, el equipo desprende ese espíritu. Lo que transmite Ronaldinho, con su fuerza en el campo, con su forma de ser, es algo especial. Todo empieza con la seriedad, con el trabajo, con el compañerismo, y si el equipo funciona, él es un valor añadido. Esta fuerza es la que ha llevado al Barça hasta París y la que necesitará para volver con la segunda Copa de Europa. Rijkaard, que ya tiene tres como jugador, comparte la idea de Txiki de que el club está preparado para todo, incluso para perder, porque esto no es un punto final. --Sí, esta tiene que ser la filosofía del Barça. Este es uno de los ambientes más complicados porque se crean problemas que ni siquiera existen. Hay que tener un línea, una manera de trabajar, ser serios. No se puede ganar cada año, pero sí estar luchando por ello, y que la gente esté ilusionada y orgullosa del equipo. Y eso solo se consigue con un Barça unido y fuerte". Y él es uno de los que ha hecho realidad esa puesta en común. Un holandés, como Cruyff, como Koeman. ¿Una premonición? "Ellos dejaron una huella en este club. Me parece normal que alguien haya pensado en seguir ese camino", dice con modestia. Pero, tal vez sí, sea una premonición.