• Rijkaard usa un dibujo táctico de los años 70, el que adoptó para evitar la destitución en su primera temporada El éxito de un viejo sistema
JOAN DOMÈNECH
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Santander. 4 de enero del 2004. El Barça pierde por 3-0 y se hunde en la cota más baja del primer año de la era Laporta. Frank Rijkaard está al borde de la destitución. Esa tarde ha estrenado un nuevo sistema, que en realidad data de los años setenta. El técnico dibuja sobre el césped un 4-3-3 que parece sustituir sin éxito al 4-2-3-1 utilizado en las primeras 17 jornadas. Pero en El Sardinero queda fijado, para la historia, el cambio de rumbo del triunfal Barça, que acabó segundo en aquella Liga y ha encadenado dos títulos consecutivos.
A >> La plantilla es capaz de jugar de memoria
Tras la goleada de Santander, el Barça tuvo una reacción inaudita con 14 victorias y 3 empates. Remontó toda la ventaja (18 puntos) que tenía el Madrid, enviando al gran rival a una crisis que aún sigue. Han transcurrido más de dos años, y el segundo sistema adoptado por Rijkaard --el primero era idea de Txiki Begiristain y Johan Cruyff, según denuncia el exvicepresidente Sandro Rosell en su libro-- conserva las esencias del triunfo. Los azulgranas juegan de memoria. Cada uno conoce su tarea según la posición que ocupa. Rijkaard puede elegir dos laterales más ofensivos (Belletti y Gio) o más defensivos (Oleguer y Sylvinho) según convenga; puede insuflar más fuerza al centro del campo (Van Bommel) o más técnica(Iniesta); dará más profundidad ofensiva (Giuly) o más fantasía (Messi) según el rival. Los adversarios también reconocen el dibujo del Barça, pero no saben cómo borrarlo.
B >> La madurez adquirida para saber especular
El saber a qué se juega y cómo se juega ha reforzado la confianza y la seguridad de los futbolistas azulgranas. Con las escasas derrotas encajadas en los últimos dos años han adquirido la madurez que ha completado su experiencia, su formación. El Barça ha perdido por el camino la inocencia y ha aprendido a adaptarse a las circunstancias y, sobre todo, a conseguir el resultado que le conviene aunque su juego pierda dosis de alegría.
El ejemplo más gráfico no se ha vivido en la Liga, sino en la Champions. El deprimente 4-2 sufrido en el campo del Chelsea el año pasado se transformó en un 1-2 en Stamford Bridge y la posterior eliminación del equipo de José Mourinho esta temporada, aunque es cierto que otro 4-2, el encajado en La Romareda, supuso el adiós anticipado en la Copa del Rey. También serviría el ejemplo ante el Milan en la Champions para destacar la madurez que ha logrado el once de Rijkaard, que ha eliminado al subcampeón de Europa a la italiana: con un gol en 180 minutos y sin encajar ninguno.
Este Barça es mucho más sólido en defensa y en los días menos acertados ha sabido protegerse atrás y confiar toda su suerte en la inspiración de los delanteros para llevarse, como mínimo, el empate.
C >> Etoo y Ronaldinho baten sus marcas realizadoras
Ningún equipo posee la delantera del Barça. Ninguno tiene en sus filas al primer (Ronaldinho) y al tercer (Etoo) mejor jugador del mundo del 2005, distinguidos ambos por la FIFA tras la votación de todos los seleccionadores y capitanes nacionales del mundo. Ni al mejor juvenil mundial (Messi) para completar un trío letal que causa admiración y miedo por igual. Si esos jugadores realizan la temporada más brillante de su carrera, el Barça se convierte entonces en un equipo imparable. Como así ha sido.
Ronaldinho insistió cuando aterrizó en el Camp Nou en que era "más un pasador que un goleador". Los registros que está obteniendo en cada temporada se obstinan en negar su autorretrato. El brasileño ha superado ya los 15 tantos que anotó en su primera temporada en la Liga y los 22 que consiguió en todas las competiciones. Etoo, el motor en el inicio (18 tantos en las primeros 18 encuentros), igualó también los 24 goles de la Liga anterior a cinco jornadas para la conclusión de campeonato, pese a que se perdió tres partidos mientras estuvo en la Copa de África.
Pero los dos grandes artilleros del equipo han estado perfectamente secundados por los demás delanteros. En su estreno profesional y tras ser suplente por imperativo legal en las primeras jornadas, Messi ha colaborado con seis golitos más, los mismos que Giuly, con quien ha compartido y peleado por la titularidad en el extremo derecho. Larsson tampoco ha fallado en el año del adiós. Condenado a ser el suplente de Etoo, aportó los goles que marcaba el camerunés mientras duró su ausencia.
D >> Valdés vuelve a estar bien protegido No sería campeón el Barça si esta espectacular delantera no estuviera complementada con una sólida defensa, que se presentó en Sevilla con el aval de 14 partidos sin encajar un gol. Víctor Valdés pelea por revalidar el trofeo Zamora al menos goleado que recibió el año pasado frente al valencianista Cañizares y Casillas, el único galáctico de verdad, tras desterrar la eterna discusión de la portería.
Dos lunares ante el Valencia --ante Villa, para mayor precisión-- que costaron dos goles no empañan la magnífica temporada de Valdés que, también es cierto, ha sido un espectador ocioso en muchos encuentros. Siempre le protegieron cuatro defensas, y hasta un quinto, el mediocentro, que redujeron mucho su trabajo. Hasta la fecha, no ha tenido que intervenir ni la mitad de las veces que Casillas, por ejemplo. Valdés siempre tuvo delante a Puyol, a Oleguer y a Márquez. Los laterales han cambiado con frecuencia, pero nada ha alterado la tranquilidad del meta.
E >> Un banquillo de calidad para las rotaciones
Rijkaard ha podido retocar la defensa, por necesidad o por voluntad, con la plena confianza de que el rendimiento del equipo no se resentiría. A excepción del incombustible Puyol, que quiso jugar hasta la Copa frente al Zamora, los demás zagueros han gozado de varios descansos y los laterales se han alternado con frecuencia. En la banda izquierda, Gio y Sylvinho se han repartido los minutos como buenos hermanos. En la Liga, porque en la Champions el holandés ha sido el jugador más utilizado.
La columna vertebral del equipo no ha variado. La forman los seis jugadores que renovaron el año pasado: Valdés, Puyol, Xavi, Deco, Etoo y Ronaldinho. Pero esta vez no han sufrido un desgaste como en la pasada campaña porque Rijkaard ha disfrutado de un banquillo mucho más amplio y de mayor calidad. Entre Van Bommel e Iniesta han cubierto todas las eventuales ausencias de Edmilson, Motta, Deco y la más duradera de Xavi, felizmente reaparecido, mientras que en el ataque el entrenador holandés pudo elegir entre cinco delanteros para tres puestos. Maxi, Ezquerro y Gabri han tenido un papel más secundario.