• La federación española de fútbol presionó a Teixeira Vitienes al máximo para que se jugara el partido, por la falta de fechas en el calendario "Aguanta como sea"
MARCOS LÓPEZ
Unos empleados achican el agua caída sobre el césped del estadio Sánchez Pizjuán Foto: Jordi Cotrina
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Cada vez que se encerraba en el despacho del Sánchez Pizjuán, Fernando Teixeira Vitienes, un colegiado cántabro, recibía una llamada desde Madrid. "Aguanta como sea, como sea. Hasta el final", le decían, una y otra vez, al árbitro, mientras miles de personas se empapaban bajo la lluvia sevillana y dos equipos --Sevilla y Barça-- asistían sorprendidos a la demora de una decisión que estaba cantada. "No se puede jugar, ¿no lo ves?", le decía Carlos Naval, el delegado azulgrana. Cristóbal Soria, su colega en el club andaluz, asentía. Pero Teixeira Vitienes iba a lo suyo. Hasta cuatro veces salió al césped para certificar la comedia. "Aguanta como sea". Y, claro, el colegiado aguantó hasta que no pudo más. Hasta que el Barça se plantó. Y el Sevilla, también. Mientras Teixeira Vitienes redactaba el acta del partido que nunca se jugó, los futbolistas del equipo de Juande Ramos desfilaban, felices, camino de casa. A la Feria de Abril, que se inicia hoy, no podrán ir porque el jueves les espera el partido más importante en la historia del club: el pase a la final de la Copa de la UEFA, contando con el 0-0 de la ida ante el Schalke 04 de Alemania. Pero el árbitro no entendía nada de eso. Ni siquiera de la semifinal de la Champions del Barça contra el Milan del miércoles.
Ahí estaba él, obstinado, siguiendo los consejos, órdenes y presiones de la Federación Española de Fútbol, empeñada en hacer jugar el partido como fuera. Sin importarle poner en riesgo a los artistas --"sería una temeridad jugar aquí", explicó Lluís Til, médico del Barça--, mientras los jugadores comían barritas energéticas para agotar el tiempo. El Sevilla, en cambio, sólo pensaba en una cosa: en el Schalke 04. "He venido hasta aquí por respeto a ustedes", espetó el presidente José María del Nido a los periodistas. "Pero del Barcelona no me interesa nada, sólo pienso en el Schalke, Schalke, Schalke. Bueno también pienso en el Schalke 04, Schalke 04, Schalke 04", añadió el dirigente andaluz.
Cambio de alineación
En el bando azulgrana, Frank Rijkaard se entretenía jugando con una pelota en el pasillo. Dando pequeños y suaves toques, descargando la presión. Los jugadores (algunos como Puyol, Etoo, Belletti o Motta salieron al campo para distraerse) se aburrían. "No entiendo nada, para qué nos han tenido aquí dos horas y media. No podíamos hacer nada en el vestuario", se quejaba Deco antes de subirse al autocar que les llevó a un hotel de Sevilla para cenar. Después, tomaron el vuelo chárter, de vuelta a casa, pensando ya en el Milan. "Esperar tanto tiempo para luego no acabar jugando no es nada bueno", explicó Rijkaard, quien hizo dos equipos en una misma noche. El primero lo diseñó en un hotel de la isla de la Cartuja, la sede de la Expo de 1992. Al cruzar el Guadalquivir, y llegar a Nervión, al Sánchez Pizjuán, el técnico tuvo que cambiarlo. "Es verdad. Al ver cómo llovía, he cambiado la alineación", confirmó Rijkaard, que no quería correr riesgo alguno. En Sevilla hacía años que no se veían cuatro granizadas en poco más de una hora. En Sevilla no llovía tanto desde hacía mucho tiempo. Pero el árbitro, tan tranquilo. Una, dos, tres y hasta cuatro veces pisó el agua del estadio, empeñado en que allí se podía jugar un partido de fútbol. Sin reparar en la estafa que suponía para el público ni en el peligro que corrían los jugadores. Por una noche, Sevilla y Barça se aliaron. A ambos les interesaba la suspensión porque está Europa en juego. "El descanso le viene bien a los profesionales", contó Del Nido, el presidente del Sevilla, aliviado porque tiene un día más para preparar la cita contra el Schalke. "Lo bueno es que no se ha gastado energía", certificó Rijkaard. ¿Cuánto habría pagado Carlo Ancelotti, el técnico del Milan, por tener un fin de semana sin fútbol? El sábado, en la victoria sobre el Messina, tuvo tres lesionados: Nesta, Kaká y Ambrosini.
Ajeno a todos esos detalles, Teixeira Vitienes se encerraba en su despacho. Salía al campo, se quitaba a los periodistas de encima, pisaba la hierba, lanzaba el balón... y nada. No corría pero él, a lo suyo. Mientras, los empleados del club tampoco se esforzaban mucho en quitar el agua. De vuelta a su vestuario, otra llamada y el mismo mensaje: "Aguanta como sea, prueba hasta el final". Cierto es que aguantó lo que no suelen aguantar muchos árbitros. O casi ninguno. Pero, pasadas las 10 de la noche, y ante las presiones de Sevilla y Barça, el colegiado cántabro se rindió. Bueno, se rindió a la evidencia. Contra la lluvia no podía. Los azulgranas abandonaban tranquilos el estadio. La lluvia ganó al árbitro. "¿Cuándo se jugará? No es un problema nuestro, ése es un problema de la federación. Ya buscará las fechas", se escuchó decir a alguien del Barça al dejar Sevilla. El problemas es que no hay fechas. Por eso presionaron tanto a Teixeira.