• Koeman y Rijkaard dirimen su futuro en Europa en el primer combate que libran en el banquillo Holandeses distintos
D. TORRAS / M. LÓPEZ
Foto: Jordi Cotrina
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Son holandeses. Pero muy distintos. Se criaron en la misma escuela, pero eligieron libros diferentes. Uno nació en Amsterdam y tiene tres Copas de Europa, una más que el Benfica. El otro nació en Zaandam y tiene dos Copas de Europa, una más que el Barça. Frank Rijkaard (cumplirá 44 años en septiembre) es algo mayor que Ronald Koeman (acaba de cumplir 43). Y uno pudo estar en el lugar que hoy ocupa el otro. Koeman era quien estaba destinado a sentarse en el banquillo del Camp Nou. Pero el Barça no quiso pagar una cláusula para liberar el contrato que le ligaba al Ajax y Rijkaard se sentó en la silla vacía. Por mucho que ellos se resistan a admitirlo, éste también es un duelo entre ellos. "Existe mucho respeto, pero nosotros no jugamos", comentó Koeman, empeñado en aclarar que no había hecho ninguna referencia a jugadores y técnicos cuando denunció que veía al Barça "un poco sobrado"."¿Sobrados? Ronald se refería al entorno. Nosotros siempre tenemos mucho respeto. Y el Benfica es un rival muy notable", apuntó Rijkaard, huidizo como de costumbre. En los días previos a las grandes citas, el técnico del Barça se disfraza. Coge del armario la ropa de camuflaje para intentar pasar desapercibido, oculta sus planes, se ampara en los monosílabos y huye de cualquier reflexión que encierre algún mensaje. Antes de los partidos grandes, Rijkaard parece realmente otro.
Cruce de halagos A Rijkaard le abandona entonces esa pose elegante que le caracteriza, aunque nunca olvida los elogios. Pero anoche, en el subsuelo del estadio La Luz, en una amplia sala de prensa, escogió el camino de la apatía. Sin dar detalles sobre Koeman, cansado tal vez de vivir la eliminatoria desde hace semanas. Algo así le pasó con José Mourinho, el técnico del Chelsea. Con éste estuvo más combativo, aunque al final tuviera otro de sus gestos elegantes y pidiera al Camp Nou que aplaudiera al portugués.
Frente a Koeman sabe que tiene mucho más a perder que a ganar. Frente a Rijkaard, el técnico del Benfica tiene la última oportunidad de salvar la temporada. "La mejor calidad del Barcelona es el equilibrio", ensalzó ayer un precavido Koeman. Cuando se habla de equilibrio se habla, obviamente, de Rijkaard. "Es un buen amigo, está haciendo un trabajo fantástico en el Barça", apuntó el héroe de Wembley, cansado como todos de jugar tantas veces un partido que ni siquiera ha comenzado.
Pero, al fin, llegó la hora. Para Koeman, que ha visualizado tantas veces al Barcelona, que se lo sabe de memoria. "Sabemos de su calidad en el centro del campo y en el ataque, pero ellos sólo tienen dos piernas, como nosotros. Vamos a intentar hacer daño donde sabemos que podemos hacerlo", dijo crípticamente después de haber estudiado en vídeo, y en directo, claro, a los azulgranas. Koeman sabe que sobre el papel tiene las de perder, pero se resiste a rendirse. "El Barça es uno de los favoritos para ganar la Champions, pero no siempre ganan los favoritos y eso es lo que vamos a intentar", advirtió. Qué cosas tiene el destino. El héroe de Wembley luchando para prolongar aún más la maldición europea del Barça.