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  21 de Noviembre de 2008     Edición de las 23:02 h.  


 
Fútbol

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Lunes, 6 de Marzo de 2006 a las 9:59
• El técnico del Chelsea ha rentabilizado su fulgurante éxito con grandes contratos publicitarios, pero no quiere empañar su imagen con otra caída en la Champions
'Made in Mourinho'


MARCOS LÓPEZ
 LLEGADA DEL CHELSEA FC , EN LA FOTO SU ENTRENADOR JOSE MOURINHO SILBANDO EN EL AUTOCAR AJENO A LOS INSULTOS DEL EXTERIOR , A LA TERMINAL A DEL AEROPUE
 Foto: Jordi Cotrina

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Un aficionado del Barça, con rasgos orientales, portaba feliz la pancarta: "Mou, te enseñamos que no puedes comprar juego bonito con dinero". Pero José Mourinho, altivo y arrogante, ni giró ayer la cabeza en el aeropuerto de El Prat para detener su mirada en ella. Es cierto que el juego bonito, una campaña publicitaria que promueve Nike y encarna el Barça de Rijkaard, no se compra con dinero. Aunque Roman Abramovich, el multimillonario de origen ruso, se gastaría casi todo el que tiene en completar un ataque con Messi, Etoo y Ronaldinho. Pero no puede. No puede porque Mourinho tampoco los quiere a todos.
Y hasta ahora, todo lo que dice Mou es ley para Abramovich. Porque el portugués no sólo ha conquistado la confianza del ruso, sino que se ha convertido en una estrella mediática. En realidad, es algo más. Es una industria. Además de los siete millones de euros anuales, sin contar las primas, que recibirá del Chelsea hasta el 2010, Mourinho es galáctico a nivel publicitario. Su imagen ha sido vinculada a tres potencias: Adidas, que le pagará 4,3 millones de euros por cuatro años; American Expres, un millón de euros por una campaña, con una cotización que se acerca a la de Andre Agassi o Tiger Woods, y Samsung, la multinacional coreana que patrocina al club inglés.
En esos anuncios, el exentrenador del Oporto posa al estilo de James Bond con un ultramoderno teléfono móvil y un eslógan que lo retrata: "Nadie lo hace mejor". Hasta ahora, así ha sido en Inglaterra. En Europa, no. Hace un año, lo echó el Liverpool de Benítez, que luego conquistó la Liga de Campeones. Mañana, Mou se juega, de nuevo, su futuro. Y, de paso, un montón de dinero porque las empresas no quieren asociarse con alguien que da imagen de perdedor. Mourinho vende mientras gana.
"El gran dictador", como tituló el diario inglés The Observer hace un par de semanas está en una encrucijada. Abramovich le ha puesto todo el dinero del mundo. Y Europa se le resiste. ¿Ángel o demonio?",, tituló France Football un amplio informe sobre el fulgurante viaje a la fama de un entrenador de 43 años, criado en Portugal, amamantado por Bobby Robson, aleccionado por Louis van Gaal en el Camp Nou, y arquitecto del fastuoso éxito del Oporto de Deco.

Un poco mimado
José, el hijo de Félix Mourinho y Maria Julia, tardó en crecer debido a una intervención quirúrgica que sufrió cuando era pequeño. "Fue un poco mimado", confiesa su padre, exguardameta, exentrenador del Vitoria de Setubal. "Hasta los 10 años era un niño pequeño, después comenzó a desarrollarse normalmente", añade Félix Mourinho, el padre de un tipo que jamás brilló como futbolista ya que jugó en las categorías inferiores del Belenenses, luego pasó al Río Ave y después al Sesimbra. Pero de élite, nada. En eso se parece a Van Gaal. Ninguno fue una estrella como jugador, algo que condicionó luego su carrera como técnico.
En estas horas previas a su regreso al Camp Nou, Mourinho anda cómodamente instalado en el hotel más lujoso de Barcelona, en el hotel Arts. Allí trama, disfrazado como tanto le gusta (hay un Mourinho al que adoran los jugadores y hay un Mourinho al que odian los rivales) el partido de su vida. Aunque sea de octavos, casi tan importante como la final (2004) que le ganó al Mónaco de Ludovic Giuly.

Lampard, en tratamiento
De vez en cuando, Mou se acerca a Frank Lampard, que está sometido a tratamiento intensivo --mañana, tarde y noche-- para recuperarse de la lesión muscular que padece. Jugará mañana en el Camp Nou. No hay duda alguna. Lampard estará; Mourinho, también. Agota ansioso las horas que le faltan al partido, ya jugado miles de veces en su ordenador portátil. En el mismo en que ha hecho presentaciones de power point sobre el juego del Barça, al que ha diseccionado de tal manera, que se lo sabe de memoria: el regate de Messi hacia el centro, la potencia de Edmilson, el eslalon de Ronaldinho y la pegada de Etoo.
Aunque no lo diga, tiene un respeto reverencial por ese ataque de ensueño que ha reunido Rijkaard, por mucho que lo camufle bajo esa pose que le acompaña. "Dicen de él que es vanidoso y prepotente. Pero no es así. Tiene una personalidad muy fuerte, gracias a Dios. Una personalidad fortísima que su padre nunca tuvo. Salió a la madre, por eso llegó donde llegó", cuenta su propio progenitor.
Agarrado a ese espíritu, Mourinho, el hijo, cruza los dedos para que Gallas no imite a Del Horno ni que Paulo Ferreira sea una estatua de sal ante Ronaldinho. Bajo su máscara, el técnico del Chelsea cruza los dedos y, tal vez, hasta rece para que el partido que ha jugado, y ya ha ganado, en su ordenador se haga real mañana.



 

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