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  7 de Enero de 2009     Edición de las 16:29 h.  


 
Fútbol

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Jueves, 23 de Febrero de 2006 a las 10:06
Así fueron los tres goles


EP

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1-0 MOTTA (p.p.) (m. 59)
El error de perder de vista el balón

Estaban avisados. Tenían órdenes explícitas de Rijkaard de no hacer faltas cerca del área si no eran muy necesarias. Y la que cometió Oleguer sobre Robben lo era. Si el defensa catalán no frena la rápida carrera del extremo holandés, arriesgándose a recibir una tarjeta amarilla, se le escapa directo hacia la portería de Valdés. Lampard, como siempre, colocó el balón, miró al borde del área, estudio las parejas de baile que se formaron y encontró a Terry. No necesitaron ni un gesto. Ni una señal. Llevan tanto tiempo juntos que los dos sabían que la pelota era para el capitán del Chelsea, todo un tanque en las jugadas a balón parado, que intentaba zafarse como podía del marcaje de Motta. Lampard centró y el centrocampista azulgrana cometió un error que pagó muy caro: no miró la pelota. Estaba tan obsesionado con frenar a Terry, intentándole cerrar el paso a empujones e incluso con el codo derecho levantado después de que Robben y Márquez se cruzaran delante de ellos, que perdió durante unos segundos la trayectoria del balón y, cuando se dio cuenta, se lo encontró tan encima que le rebotó en la pierna derecha y terminó en la portería de un Víctor Valdés que, consciente de que había iniciado su salida con unos segundos de retraso, le arrolló en su intento de blocar el centro de Lampard.


1-1 TERRY (p.p.) (m. 72)
Un homenaje a la Premier League

¡Quién iba a decir que el Barça iba a empatar a la inglesa! Por arriba, aprovechando una de esas faltas que tanto disgusta a los técnicos ingleses porque saben que puede ser medio gol. Carvalho hizo falta a Larsson en el vértice del área grande, por la izquierda del ataque catalán. El balón se lo quedó Ronaldinho. Cech ordenó una barrera de dos hombres. Mientras, en el área grande, alrededor del punto del penalti, el Barça armaba la estrategia. Allí estaban los más altos, los que saben eludir los agarrones y las pantallas, los azulgranas que mejor cabecean.
Marcaje al hombre. La gente está expectante de la corta carrera del brasileño. Una docena de jugadores esperan entre agarrones un centro con la derecha. El balón irá de fuera a dentro. Ronaldinho lanzó un balón mortal, bien tocado, a una altura óptima para el remate y con la dirección adecuada: entre el primer vértice del área de meta y el punto de penalti. Ahí donde el portero está vendido y la defensa rival sufre. Entonces apareció la diagonal de tres jugadores del Barça. De Márquez, Larsson y Edmilson. Su corta carrera hizo daño a los ingleses. El mexicano se anticipó a su marcador, a Terry. En su afán de quitar el balón, el defensa lo introdujo por el segundo palo en un despeje letal. El Barça empató a la inglesa. Fue un gol de Premier.


1-2 ETOO (m. 80)
El vuelo que silenció Londres

La jugada del gol de Etoo, el que acabó con el mito de la imbatibilidad de Stamford Bridge, nació en las manos de Valdés, la cabeza de Sylvinho, la creatividad de Ronaldinho, la inacabable carrera de Larsson y el centro de Márquez. ¿Qué hacía el mexicano allí? ¿Qué hacía uno de los centrales del Barça jugando de interior izquierdo? ¿Cómo llegó hasta tan lejos? Siendo un defensa, Márquez se comportó como un delantero. Pero en la película de la jugada hay varias cosas buenas. En realidad. Todas. En el minuto 79, Drogba tiene una ocasión de gol para adelantar al Chelsea, pero Valdés lo evitó.
Se produce un córner a favor del equipo inglés. Ahí nace el gol de Etoo. Saca Lampard pero no llega ni al primer palo. Despeja Sylvinho, recoge Ronaldinho, al borde del área de Valdés, y se la da a Larsson. Éste se la devuelve de inmediato para iniciar un contragolpe de cine. Con cinco toques, Ronnie cruza de área a área y cede la pelota a Larsson, quien mira hacia atrás y ve a Márquez. "¿Qué haces ahí, Rafa?", pensó. Pues, Rafa estaba ahí para centrar al primer toque para que Etoo volara sobre Paulo Ferreira y fusilara a Cech con un hermoso cabezazo. Luego, Etoo corrió hacia la grada buscando a su hijo. No lo encontró. A él tampoco lo vio el Chelsea. De un córner a favor encajó el gol que más le dolió.



 

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