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  5 de Julio de 2009     Edición de las 9:09 h.  


 
Fútbol

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Jueves, 9 de Febrero de 2006 a las 10:10
• El centrocampista, que lleva dos meses de baja, espera reaparecer antes de final de temporada
Xavi o la vida sin el balón


MARCOS LÓPEZ
 XAVI TRABAJANDO SU RECUPERACION SOBRE UNA BICICLETA DENTRO DE LA PISCINA DEL ATHL. CLUB DE TERRASA
 Foto: Jordi Cotrina

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Xavi camina por un campo de golf, pero no coge ni un palo. Xavi también nada. Xavi vive en un club de hockey sobre hierba (el Atlètic Terrassa), donde trabaja mirando el bosque, oyendo la voz cómplice de Emili Ricart, su recuperador, mientras acaricia la rodilla derecha, rota hace dos meses. "¿Ves, máquina? Está mejor. Mucho mejor".


EL TRATAMIENTO
"Ahora el ligamento se está despertando"
Tumbado como cada día (sólo tiene el domingo libre) en la camilla del "chiringuito de Emili", Xavi juguetea con uno de sus dos móviles. No lo puede evitar. Los teléfonos no hacen ruido, no suenan porque los tiene en silencio. Pero no dejan de vibrar. Todos preguntan por él. Todos quieren saber cuándo volverá. La vida sin Xavi es más complicada. Para el Barça porque Rijkaard no tiene otro como él y también para la selección española. Hoy, por ejemplo, Jesús Paredes, preparador físico de Luis Aragonés, ha programado una visita a Barcelona para ver cómo está la rodilla rota inesperadamente en un entrenamiento.
Pues está bien. Ha mejorado mucho. Más incluso de lo que se preveía. Esa rotura del ligamento cruzado anterior en La Masia, sin que existiera roce alguno o choque con nadie, provocó una sensación de orfandad en el Camp Nou. Sensación extendida y aumentada con el paso del tiempo. Cuando no se tiene a Xavi en el campo, más se le valora. Ya suele pasar. "No me había roto ni una uña y mira por dónde me pasó esto", confiesa sin rastro de resentimiento. Se lesionó el viernes 2 de diciembre, se operó el 3 de diciembre --inmediatamente se puso en las manos del doctor Ramón Cugat-- y ahora, transcurridos ya más de dos meses, siente que va bien. El ligamento roto, el que brinda estabilidad rotacional a la rodilla, mide poco, apenas unos cuatro centímetros, pero provoca seis meses de baja. En condiciones normales, claro. Con Xavi, no se sabe. "Ahora el ligamento se está despertando a los nuevos apoyos", cuenta Ricart, ya en el chiringuito tras una hora de relajado paseo por el campo de golf de Matadepera.


LA CONVIVENCIA
Apasionadas tertulias matinales con Jordi Cruyff
Después del paseo, a veces por el golf, redescubriendo de nuevo el placer de pisar la hierba, a veces por el cercano bosque de Can Deu (Sabadell), perdidos entre árboles, esta pareja de hecho --no se entiende ahora a Xavi sin Ricart, o a Ricart sin Xavi-- toma asiento en el desértico bar del Atlètic Terrassa, el club donde está radicado el chiringuito. Forman parte ya del paisaje, pero no suelen desayunar solos. Poco antes de las 10 de la mañana, puntual como un suizo, aparece un tipo alto, algo desgarbado, con las manos en los bolsillos. Es rubio. Y, de momento, tiene la etiqueta de exjugador profesional. Pero él no desespera. Es Jordi Cruyff, quien también trabaja con Ricart.
Bueno, en realidad, Jordi está allí para sentirse aún jugador. Por si puede volver algún día. Por si su cuerpo, castigado por las lesiones, se lo permite. "El desayuno es lo mejor de la mañana", explica Xavi. No se refiere sólo al tiempo de descanso entre las dos sesiones de trabajo matinales ni al bocadillo de fuet que acostumbra a comer. No. Xavi habla de las charlas con Jordi, que se convierten en una tesis sobre el fútbol de verdad. Sobre el que se ve en el campo y el que hay oculto en el vestuario. Por allí desfilan todos. Desde las anécdotas con Serra Ferrer, del primer y chocante encuentro con Bakero disfrazado de técnico, a los elogios a Rijkaard y hasta los mejores años de su vida cuando rememoran la época en el Miniestadi.
"Aquí estoy de cine. Es un ambiente fantástico. Trabajo mucho, pero de forma relajada y no paro de reír. Jordi es un monstruo". Y entonces, tras el bocata, ambos bajan a la sala de máquinas. Al chiringuito.


LA TERAPIA
Hierba, piscina, montaña, nieve, playa y césped
En la puerta está Òscar Hernández, uno de los hermanos de Xavi. También él hace recuperación porque hace un año sufrió una lesión similar. Àlex, el mayor de los Hernández que ya ha abandonado el fútbol, también pasó algo así. Hasta Ariadna, la pequeña, sufre regularmente dolor en la rodillas. Pero Òscar ya está bien, juega con regularidad en el Gavà, en Tercera División, aunque de pivote defensivo. "A mí se me cierran las persianas cuando tengo el balón", bromea para unirse a la tertulia con Jordi, ya subido en una bicicleta estática. Mientras, las manos de Ricart estiran la pierna derecha de Xavi de tal manera que da la sensación de que se romperá. "No, tranquilo, máquina. No me duele".
No hay dolor apenas en la recuperación. En la primera fase, inician un viaje en la hierba del golf para terminar algún día en el césped del Camp Nou. Pasando, eso sí, por bosques, montañas (subirán al Turó de L'Home), playas (pisar la arena fortalece la rodilla) y hasta estaciones de esquí (el Pla de Beret) para ponerse raquetas en los pies. Superficies distintas para que la pierna de Xavi lo redescubra todo. Pero hay más. "Es algo psicológico para evitar la rutina, por eso se cambia el paisaje visual", dice Ricart, cuyas manos han curado antes los músculos de Guardiola, Luis Enrique, Raül López (base del Akasvayu), Gabri y ahora Xavi.


LA PASIÓN
Ávido devorador de todo lo que huela a fútbol
Mientras completa ese tránsito por las estaciones de la rehabilitación, Xavi camina. Aún no corre. A veces, Ricart lo tiene que frenar. Todo llegará. Trabaja hiperexcitado, consciente de que en el verano le espera mucha gente. Luis, el primero. "¿El Mundial? Sólo pienso en tener mi rodilla bien lo antes posible", cuenta mientras bromea, aún con el gorro azul de nadador, en la piscina del Atlètic Terrassa. "Me cuesta respirar, lo del agua es lo peor que llevo". Normal. No es lo suyo. Lo suyo es verlo rodeado de rivales, con el balón cosido a su bota, el mapa del partido en la cabeza, y el atajo correcto que remedia cada lío.
Ahora, convertido en un simple espectador, devora fútbol. "¿Qué ha hecho el Dorados?, ¿Cómo le va a Pep?", pregunta a Ricart sobre Guardiola, el hombre a quien sucedió, aquel que le dijo un día: "El Barça disfrutará 10 años contigo". Pues no, no iba nada equivocado. Ya son siete y, con 25 años, le queda poco a Xavi para cumplir la profecía de Guardiola. Investido ahora de la misma autoridad moral que tenía Pep (es el más veterano de la plantilla), no se inquieta por nada. Ni por el fin de una racha de ensueño. "No hay ningún equipo invencible, algún día teníamos que perder. Pero no pasa nada por esa derrota. Hay una calidad impresionante. Igual nos viene bien, la gente se había mal acostumbrado".
A lo que no se acostumbra la gente es a ver al Barça sin Xavi. El culé ama a Iniesta, pero cada vez echa más de menos a Xavi. "No se le debe pedir que sea otro. Así no sería él. Y él es Iniesta, es buenísimo". Tiene razón, pero al Barça lo que le duele es ver a Xavi sin un balón en los pies. Miren las fotos. Pasea, nada, vive en un gimnasio, pero ni rastro de fútbol. "Tranquilo, máquina. La rodilla ya parece una rodilla".



 

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