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  8 de Septiembre de 2008     Edición de las 20:49 h.  


 
Fútbol

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Lunes, 16 de Enero de 2006 a las 15:20
• El Barça empezó flojo la Liga, pero reaccionó cuando Rijkaard hizo descansar a Ronaldinho y Deco en septiembre
Primera vuelta de ensueño


MARCOS LÓPEZ
 Grafico: Joan Vila
 Foto: EP

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A veces, una decisión que no puede parecer sensata se convierte, con el paso del tiempo, en lo más acertado. Algo de eso debió pensar Frank Rijkaard en la semana previa al choque contra el Betis, a finales de septiembre, cuando la Liga discurría en sus inicios. El Barça venía de perder en el Calderón, la última derrota de la temporada, la primera y la última de la Liga, y de empatar en casa con el Valencia. El equipo daba claros signos de aburguesamiento (cinco puntos de 12 posibles no es una cifra digna de un campeón). Nada grave, se pensó entonces. Pero Rijkaard detectó que sí lo era. Y tomó el bisturí. De forma tan sorpresiva como contundente. Con un mensaje ciertamente demoledor: Deco y Ronaldinho no viajaban a Sevilla. Se quedaban en casa las estrellas. El alma del equipo (Deco) y el genio (Ronnie).
Aquella decisión, vista ahora en perspectiva, cambió, sin duda, el curso de la historia azulgrana en el campeonato. A Rijkaard, prudente, cauteloso, sensible, respetuoso siempre con las jerarquías, no le tembló el pulso para revolucionar al equipo. Y, sobre todo, agitar un vestuario que se adormecía. Cuentan que en esa semana, el técnico, después de discutirlo con sus ayudantes, con Ten Cate, con Eusebio, con Unzué, estaba dispuesto a prescindir de más vacas sagradas. Pero luego, tras un amplio debate en el interior del vestuario que no llegó a trascender, Rijkaard optó por elegir a las dos piezas más valiosas.
No era, es obvio, una elección casual. Tampoco caprichosa. Tenía un argumento deportivo --ni Ronaldinho ni Deco empezaron bien la temporada-- y otro, tal vez el más importante, simbólico. Oficialmente era para darles descanso. ¿Alguien puede estar cansado en el primer mes de la temporada? En realidad, no lo estaban. Como aquel que dice, ni habían sudado la camiseta.

Contundencia y discreción
En realidad, Rijkaard alzó la voz. Pero sin que nadie lo oyera gritar, otro de los detalles del técnico holandés. Lo escucharon donde debían: en el vestuario. A partir de aquí, el Barça creció. No de forma inmediata (ganó, eso sí, en el campo del Betis, empató en casa con el Zaragoza y, luego, en Riazor, ante el Depor, con 20 minutos primorosos de fútbol), aunque sí se adivinó que algo había cambiado en el Camp Nou.
Desde entonces, la historia forma parte de la leyenda y casi todos la pueden recitar de memoria: 12 partidos de Liga, 12 victorias consecutivas (33 goles a favor y sólo 6 en contra) y un delantero letal, Etoo, que logra 18 goles en 19 partidos. Una marcha demoledora con encuentros de todo tipo porque, si algo ha aprendido el Barça, es a tener más de un registro. Igual deslumbra en el Bernabéu con un triunfo que jamás olvidará el culé que gana sufriendo, como al Sevilla en casa o el derbi con el Espanyol. O, ayer, contra un rocoso y desagradable Athletic. Porque es evidente que no sólo se conquistan las ligas jugando bien. Ni tampoco con un once inicial que se recita de carrerilla.
Ahora, no es tan fácil. Ahora sólo hay dos jugadores que hayan disputado todos los minutos de la primera vuelta: el portero (Valdés) y el capitán (Puyol). Hay seis futbolistas intocables (Ronaldinho, Deco, Etoo, Oleguer, el tercero más usado, Xavi, hasta la grave lesión de rodilla que le hará perderse la temporada, y Edmilson) y otro que se asomó tarde, pero con tanta fuerza que generó una alteración en el ecosistema del campeón. Llegó Leo Messi, como un vendaval, y envió a Giuly al banquillo. No sólo eso, también mandó al anonimato al delantero francés, que había sido el segundo máximo realizador del Barça 2004-05, con 11 goles en la Liga.

Messi no respetó a nadie.
O sea, hay nueve jugadores que no se mueven casi de la alineación, mientras el baile se produce en los laterales: Gio y Sylvinho se alternan en la banda izquierda, mientras que Belletti no es tan indiscutible en la derecha como antes. Luego hay un segundo nivel en el Barça, formado por los suplentes, con futbolistas como Van Bommel, Iniesta, a quien la lesión de Xavi le abrió una puerta, pero aún sigue esperando cruzarlo, y Motta, golpeado siempre por la fatalidad. Giuly, claro, también va sentado ahora en ese furgón secundario.
En el coche que no sale ni en las fotos van Gabri, Ezquerro y Maxi, el menos utilizado por Rijkaard en la Liga. Jugadores de complemento para una plantilla cuya profundidad asusta. Para un equipo que ha completado la mejor primera vuelta de su historia. Sin saberlo, o tal vez sí, Rijkaard cambió el curso de la temporada en septiembre cuando dio descanso a las estrellas. Ahora deberá sacarse otro as de la manga para salvar la marcha de Etoo y las bajas de Xavi y Motta.



 

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