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Fútbol

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Lunes, 19 de Diciembre de 2005 a las 9:56
• Ronaldinho, que será reelegido hoy por la FIFA como el mejor jugador mundial del 2005, disfruta ahora de la compañía de Etoo
En la cima del mundo


MARCOS LÓPEZ
 Foto: Jordi Cotrina

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Ronaldinho ya no está solo. En la cima del mundo recibirá esta noche la compañía de Samuel Etoo, su socio en el ataque del Barcelona. La estrella brasileña disfrutará hoy en el Teatro de la Ópera de Zúrich de la segunda corona consecutiva que le colocará la FIFA como mejor jugador mundial del 2005. Una distinción otorgada por los seleccionadores y capitanes nacionales. O sea, el círculo virtuoso completado por Ronaldinho en un año de ensueño.
Si hace unas semanas eran los corresponsales de France Football los que le concedían el Balón de Oro, ahora son técnicos y jugadores los que coinciden. Miran por todos los sitios, pero no hay otro como él. Hace un año, en diciembre del 2004, cuando Joan Laporta y Sandro Rosell todavía compartían directiva, Ronaldinho, que recibió 620 votos, estaba solo. El Barça no era campeón de nada y Etoo, un goleador despreciado por Florentino en el Madrid, recolectaba 42 votos y ocupaba el puesto 14 de tan selecta relación. Ahora, en diciembre del 2005, Frank Lampard, el alma del Chelsea de Mourinho, parece un invitado de piedra en la fiesta azulgrana que se vivirá esta noche en Suiza. Dos de los tres mejores jugadores del mundo habitan en el Camp Nou.
¿Qué valdrían ahora Ronaldinho y Etoo en el mercado? No hay precio. ¿Quién es capaz de ponerlo? Lo que fija, acaso, sus cláusulas: 125 millones de euros en el caso del brasileño y 150 en el del camerunés. Por supuesto, mucho más de lo que pagó el Barça por ellos: unos 60 millones de euros. O lo que está pagando, porque el club aún no ha terminado de abonar los traspasos al París Saint Germain ni tampoco al Mallorca, respectivamente. En este año, en el que Ronaldinho no ha sufrido el vértigo de la altura que produce hollar la cima, han desaparecido el francés Thierry Henry (Arsenal), el segundo del 2004 con 552 votos, y el ucraniano Andrei Shevchenko (Milan), el tercero con 253 votos.

El octavo doble
Ninguno de esos futbolistas ha resistido la magia de Ronaldinho, que marca ya, sin duda alguna, una época en el fútbol moderno. Con apenas 25 años, está dispuesto a completar un doble premio: Balón de Oro y mejor jugador mundial de la FIFA. Algo de lo que pueden presumir tan sólo siete jugadores: Marco van Basten (Milan-1992), Roberto Baggio (Juventus-1993), George Weah (Milan-1995), Ronaldo (Inter-1997 y Ma-
drid-2002), Zidane (Madrid-1998) y Rivaldo, el último precedente que tiene el Barcelona (1999). En los inicios del siglo XXI, el fútbol se resume en la sonrisa de Ronaldinho. En la sonrisa y en el infinito arsenal de recursos técnicos que almacena ese cuerpo, más propio de un velocista de 100 metros que de un futbolista.
Porque no sólo técnicamente sino también físicamente, Ronaldinho es un ejemplo del nuevo fútbol. "Es explosivo", cuenta Paco Seirulo, uno de los preparadores físicos del Barcelona. "Si lo miras, parece un velocista de 100 metros", añade recordando los glúteos poderosos y los músculos inmensos que sostienen al artista. "Cuando pone la pierna para proteger la pelota parece una columna. No hay quien lo mueva", dice Seirulo, feliz por disfrutar de los músculos de un jugador ciertamente singular. En dos años y medio en el Camp Nou sólo ha tenido un problema muscular. A principios de noviembre del 2003, Ronaldinho sufrió una rotura de cinco centímetros del bíceps femoral de la pierna derecha. Pero nada importante (apenas un mes de baja) para alguien que ha hecho de su cuerpo una carrocería perfecta.
¿Qué decir de su mentalidad? El brasileño parece estar programado para los grandes momentos. Como si tuviera un despertador interior que le avisara en el momento justo para brillar cuando más se le espera. Cuando más se le necesita, ahí está él. Ante el Milan, frente al Madrid, contra el Chelsea... La lista es ya interminable. Cuando las luces se encienden, Ronaldinho aparece perfectamente maquillado, como si fuera el mejor espot posible del fútbol.
Su juego lo es. No produce rechazo alguno, ni siquiera entre los rivales. Al contrario, lo adoran. Y lo admiran, como quedó demostrado en el Bernabéu, puesto en pie por la exhibición del brasileño. No es casual, por tanto, que la encuesta que ha hecho la FIFA en su web oficial sobre quién merecía el premio de hoy Ronaldinho obtenga un 82 % de los votos de los internautas, Lampard el 9,8 % y Etoo, el 8,2 %. Resulta casi imposible encontrar tanta unanimidad. Periodistas, aficionados, seleccionadores, jugadores. Todos están de acuerdo.

El mal negocio de Florentino
Con Ronaldinho instalado, por segunda vez consecutiva, en el trono mundial, la aparición de Etoo demuestra un par de cosas. Primero, el ruinoso negocio de Florentino Pérez, quien anda buscando desesperadamente un galáctico cuando tuvo a Etoo y no supo valorar lo que había delante suyo. Y el segundo asunto es que el Barça, tras ocho años de sequía, justo tras la traumática marcha de Ronaldo al Inter, ha encontrado un delantero centro de verdad. Uno grande. Uno infalible. Un tipo que pelea contra sí mismo. Alguien que se sabía que era bueno. Realmente bueno (no es fácil marcar 17 goles en el Mallorca), pero ni siquiera en el Barça imaginaron que lo fuera tanto. En el Madrid, tampoco. En su primer año de azulgrana ganó una Liga, firmando 24 goles, y en el segundo curso galopa a ritmo de récord, con 15 tantos en 16 partidos.
"Si miras a Ronnie parece un velocista de 100 metros. Pero si miras a Samu, parece uno de 200 o 400 metros", explica Seirulo. Ronaldinho tiene músculos cortos, explosivos, tobillos que parecen de goma y un disco duro con toneladas de memoria sobre regates, pases y goles. Todo original. Etoo tiene músculos más largos, es más resistente, pocos defensas le aguantan una carrera, aunque él lleve la pelota controlada. Uno, el gaucho de Porto Alegre, es demoledor entre seis y 10 metros. El otro, la pantera de Nkon, es incontenible cuando corre más de 20 metros con esa fibrosa figura.

El equipo ideal
Sin olvidar ninguno de ellos el aire suburbial y callejero que desprende su fútbol. No es, claro, un académico juego de manual. Está aprendido en las calles de Brasil y moldeado en la dura África, donde se trata de una cuestión de supervivencia. Por eso, resulta algo indescifrable para los demás, aunque también es verdad que ellos han encontrado en el Barça el lugar ideal. Y ellos, además, se han encontrado en el momento justo. "Samuel, Ronnie y Messi son jugadores que cualquier equipo querría tener. Pero tienen también la suerte de jugar en un equipo como el Barça", dijo ayer Deco, la otra estrella, la silenciosa del Barcelona. "Tal vez Etoo, si estuviese en otro conjunto, no marcaría tantos goles, aunque tiene la calidad para marcar muchos", recordó el brasileño. No le falta razón. Si Ronaldinho se programa para brillar, eligiendo siempre el escenario más majestuoso, Etoo no parece tener término medio. Juega cada partido como si fuera el primero de su vida. O, tal vez, como si fuera el último.
A veces, da la sensación de que juega contra Florentino, movido por el motor de la venganza. Pero es falso. En otras ocasiones da la sensación de que marca goles para dedicárselos a Joan Laporta, su presidente. Tampoco es del todo cierto porque Etoo, en realidad, juega contra sí mismo. Y así, corriendo sin parar, ha llegado a tiempo para subirse hoy al avión, camino de Zúrich. Junto a Ronaldinho, completando una foto para la historia. Dos de los tres mejores son del Barça.



 

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