Martes, 29 de Noviembre de 2005 a las 15:41
Los balones de oro del pasado coinciden en considerar al azulgrana el número uno La corte del fútbol bendice la coronación
MARCOS LÓPEZ
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| Foto: EP
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Mientras Andrei Shevchenko subía ayer lentamente las escaleras rojas del Espace Pierre Cardin elogiando a Ronaldinho («es mejor, me encanta que sea mi sucesor porque hace un fútbol espectacular y además no para de sonreír», dijo el delantero del Milan), Alfredo di Stefano se colaba despacio, apoyado en un bastón, en el restaurante para iniciar la cena final de la gala. Y a Txiki Begiristain, el secretario técnico del Barca, no le dejaban tranquilo. «Todos nos felicitan, es un orgullo que el mejor jugador del mundo sea del Barça. Y los culés deben saberlo», explicó, rodeado de un ejército de periodistas. Los mismos que atosigaban antes a Johan Cruyff, el último en comparecer en el especial de Canal + junto a Michel Platini. Los dos poseen tres Balones de Oro. Marco van Basten, el tercero, no apareció.
«Estoy muy contento por él y por lo que representa. Rijkaard ha hecho un Barça para que Ronaldinho brille. Está en el momento justo y en el equipo justo. Si sigue así, puede marcar una época. En otro equipo no brillaría tanto», comentó Cruyff, quien curiosamente no abrazó a Ronaldinho cuando compartían losminutos finales con Platini. «Ronaldinho está haciendo grande al Barça, y el Barça lo hace aún más grande a él de lo que ya era», comentó Txiki. Luis Figo, entretanto, con aspecto serio, se felicitaba por estar entre las leyendas. «Ronaldinho ha demostrado su calidad. Ha merecido el Balón de Oro», dijo el actual delantero del Inter.
SILENCIO DE LAPORTA
Todos hablaban maravillas del Barça. Y Joan Laporta, el presidente, se lo miraba complacido. Estaba en el centro de los elogios delmundo, aunque prefirió guardar silencio en París. Entendió que era el momento de Ronaldinho. Mientras la estrella se hacía la foto de familia con todos (Doña Miguelina, su madre; Deisi, su hermana; Tiago, su primo y chófer; Evando, el amigo de la infancia, y Valdemir, el preparador físico) sin despegarse del Balón de Oro, caían los elogios. «Espero que gane dos más. Dos más sí, pero tres no, ¿eh?, porque me superaría a mí», bromeó Platini, temiendo que le robe el honor que comparte con Cruyff y Van Basten.
A los franceses se les caía la baba cuando Canal + emitía un vídeo con las mejores jugadas de Ronaldinho. Era un resumen, claro. Reunirlas todas habría exigido una noche entera. «Es una delicia verlo jugar, un verdadero placer. Es un genio. No hay otro como él en el mundo», exclamó Jean Pierre Papin, otro triunfador del pasado (1991). Zinedine Zidane estaba menos exultante. Se le vio fuera de foco, a pesar de que la organización le hizo subir en dos ocasiones al escenario. La primera para compartir minutos de televisión con las viejas glorias del Madrid: Kopa, Di Stéfano y hasta Figo salieron en esa foto. En la segunda ocasión, Zidane apareció para hacerse la foto con los franceses. O sea, con Kopa, de nuevo, Papin y Platini.
LA TRISTEZA DE ‘ZIZOU’
Pero ni así alegraron el rostro de Zizou, quien pasó fugazmente por delante de los periodistas sin abrir la boca. Poco tenía por decir el hombre que besó ese trofeo en 1998, su año grande. Cuando conquistó el Mundial con Francia. Desde entonces, nada ha sido igual, a pesar de que llevó al Madrid a conquistar la Copa de Europa del 2002. Ha pasado el tiempo de Zidane. Es la época de Ronaldinho. «Todos los grandes jugadores me han dicho lo mismo en la gala: es el mejor. Se lo merece. No hay otro como él». Así se acercaban a Txiki. «Había unanimidad». Es cierto. Nadie osa discutir al monarca. Los súbditos, llegados de todos los lugares, estaban entregados al genio brasileño. Él, mientras, iba de aquí para allá, zarandeado por la gente, viviendo un torrente de emociones, impactado por el abrazo y las lágrimas que habían surcado el rostro de Doña Miguelina, su madre. Sabía que estaba en la noche de su vida. Lo sabía y no pararon de decírselo. No podía imaginar ayer, cuando se levantó a las ocho y cuarto de la mañana en Castelldefels, sintiendo los lametones de su perro en la cara, que viviría algo así.
Estaba preparado para todo. Pero no creyó entonces que le podría la emoción. Laporta, ubicado detrás de Sepp Blatter, presidente de la FIFA, y Franz Beckenbauer, mito del fútbol y presidente del comité organizador del Mundial de Alemania 2006, asistía feliz a la coronación. Sin saber ninguno de ellos lo que había dicho el prestigioso escritor uruguayo Eduardo Galeano cuando le preguntaron por Ronaldinho. Fue en Río de Janeiro hace pocos días, en la presentación de un libro. «Ronaldinho sale porque los dioses besan la tierra que él pisa. Es fruto de unas fuerzas sobrenaturales».