Martes, 29 de Noviembre de 2005 a las 9:50
• Ronaldinho arrasa en las votaciones para elegir al mejor jugador y se consagra con el 50° Balón de Oro Monarca por aclamación
MARCOS LÓPEZ
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| Foto: Jordi Cotrina
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En París tenía que ser. En París se citó ayer Ronaldinho con la gloria. "He hecho realidad un sueño, espero volver aquí en los próximos años", confesó la estrella del Barça después de abrazarse al Balón de Oro, el trofeo que le distingue como el mejor jugador del planeta, tras colarse en el panteón de las leyendas con autoridad, siendo el quinto azulgrana que lo logra tras Luis Suárez, Johan Cruyff, Hristo Stoichkov y Rivaldo.
"Estoy completamente emocionado de ver a los mejores jugadores del mundo aplaudiéndome", acertó a decir Ronaldinho con el corazón encogido, mientras las lágrimas recorrían su rostro. El suyo y el de doña Miguelina, su madre. Cuando ella subió a la pasarela de Canal + Francia, el abrazo resultó estremecedor. Ambos rompieron a llorar. "Espero estar algún día sentado con ustedes", dijo el brasileño, quien curiosamente dejó de sonreír. En el momento más feliz de su vida, lloraba sin parar. En París, la ciudad que albergará en el mes de mayo del 2006 la final de la Liga de Campeones ("es el título que me falta, quiero ganarlo"), apareció Ronaldinho, dos años y medio después de abandonar la capital francesa camino del Camp Nou, entronizado ya, por aclamación, como el nuevo monarca.
ENTRE LEYENDAS
Con lágrimas, con una emoción incontenible que contagió al auditorio, compuesto de leyendas puestas en pies para homenajear al nuevo rey. Erizada la piel tenía Ronaldinho, tras haber arrasado en las votaciones superando en 77 votos al segundo clasificado, el inglés Frank Lampard (Chelsea) y en 83 al tercer clasificado, el también inglés Steven Gerrard (Liverpool).
Para darse cuenta de la magnitud del triunfo de Ronaldinho, un par de cifras: obtuvo 50 votos más que Shevchenko, el Balón de Oro del 2004, que ayer terminó en quinta posición, y 50 de los 52 periodistas de la revista France Football lo votaron. Sólo dos, uno de Islas Feroe y otro de País de Gales, lo ignoraron.
BARÇA Y BRASIL
Sonriendo, para felicidad de las cámaras, atendiendo en portugués, castellano y francés, según quien le preguntaba, el brasileño no pudo ocultar su emoción. "Si no estuviera en el Barça, no estaría aquí. Va por ellos, tanto los del Barça como los de Brasil", dijo Ronaldinho, vestido con un traje negro de Hugo Boss, corbata de la misma marca, sin olvidar, claro, el guiño a la industria. Un logotipo de Nike, la multinacional que le equipa, colgaba del bolsillo izquierdo del traje. "Esto no es sólo un premio mío, es un premio del Barça y de Brasil", insistió en un discurso políticamente correcto. Impecable hasta en eso.
En eso, Ronaldinho (25 años) también parece perfecto. "No me siento una superestrella", confiesa el jugador en una larga entrevista a France Football. Un número monográfico dedicado a su persona. Porque Lampard es un extraordinario jugador, y Gerrard, también. Pero ninguno es como Ronaldinho. Ahora mismo, es el rostro del fútbol mundial. La alegría de este deporte. La gente acude en peregrinación a los estadios para verle jugar. En Barcelona ha encontrado su paraíso particular --"no me veo en otro sitio que no sea el Barça, quiero continuar aquí muchos años", explicó-- porque levantó a un club de la depresión, conectó con un público que lo adora --"le dedico este título a la afición del Barça y también a la de Brasil"-- y es referente de un equipo de ensueño.