• El directivo medita presentar la dimisión Alejandro Echevarría, contra lo que es habitual, no acompaña al Barça a A Coruña
MARCOS LÓPEZ
El vicepresidente Ingla y Rijkaard, ayer en El Prat Foto: Jordi Cotrina
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En el movido viaje a A Coruña, él no estaba. Como Larsson y Gio, se quedó fuera de la lista, aunque en su caso por voluntad propia. Alejandro Echevarría no subió ayer al avión del Barça. Se evitó un movido viaje, que culminó con el retraso en el aterrizaje por la niebla. Y que Echevarría no estuviera en esa aeronave, que tardó 25 minutos más de lo previsto en tomar tierra, es noticia. Es noticia porque su figura no ha dejado de estar presente en cada viaje del Barça. En realidad, forma parte de su trabajo.
Es el responsable de la oficina de atención al jugador. Es el directivo que los mima. El que está las 24 horas del día con el móvil abierto, pendiente de cualquier llamada. Para lo que haga falta. A veces, tonterías. A veces, cosas serias. A veces, detalles irrelevantes. Pero ayer, Alejandro no estaba en ese avión en lo que es el primer paso atrás, justo en la misma semana en que se ha probado su pertenencia a la Fundación Francisco Franco. Acudieron, en cambio, cuatro directivos: Marc Ingla y su esposa, Claudia Vives-Fierro, Alfons Castro y Albert Vicens.
Echevarría no estaba. Se quedó en casa, meditando si presenta la dimisión. Y cómo la presenta. Mientras toma esa decisión, el vestuario del Camp Nou lo ensalza. Rijkaard, el primero. "Estamos contentos con Alejandro y el trabajo que hace con los jugadores", dijo el técnico. Para el vestuario, Echevarría es Alejandro. Y los futbolistas, ¿qué dicen de él? Pues todo son buenas palabras. "Es una persona que está haciendo un trabajo muy importante, es lo único que tenemos que valorar. Se lo agradecemos y estamos muy contentos", dijo poco antes Puyol.
Si alguien le pregunta a Sylvinho, por Echevarría, podría pasarse horas y horas escuchando elogios. Messi, en cambio, tardaría unos pocos segundos en decir lo mismo que el lateral izquierdo brasileño. Gracias a las rápidas y sigilosas gestiones del directivo, ambos disfrutan de un valioso pasaporte comunitario. ¿De lo otro? Ni un comentario. ¿De su ideología? Nada. Silencio absoluto.
Como Echevarría, que no ha vuelto a abrir la boca desde que esgrimió un documento firmado por Félix Morales, el vicepresidente de la Fundación Franco, con fecha 8 de junio del 2003, apenas una semana antes de las elecciones a la presidencia del Barça, en el que se negaba que era patrono de esa institución.
Carta de De Val a Laporta
Echevarría calla. Pero medita presentar la dimisión. Sabe que es un problema grave para Joan Laporta, el presidente. Sabe que también es un grave problema para su familia. Consciente del papelón del Barça, el directivo planea irse de la junta porque sabe que su presencia sirve, como dijo él mismo, "para erosionar" a Laporta. Ahora, el directivo medita escoger el mismo camino para dejar el club y liberar a Laporta de esa insoportable carga de presión.
Ayer, el presidente, que todavía no se ha manifestado sobre este asunto, recibió una carta por fax de Lluís de Val, el exdirectivo que ha destapado el caso, en el que le incluía los documentos que certifican que Echevarría es patrono de la fundación franquista. No sólo eso. Del Val también exige la dimisión de Echevarría. Falta saber ahora si esa petición será pronto atendida. Alejandro, como le llaman en el vestuario, se lo piensa.