• Mads y Andreas, los dos hijos del exjugador, ya son internacionales con la selección de Dinamarca La cosecha Laudrup
DAVID TORRAS
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Cuando Hans Brun Larsen anotó ese nombre en la última lista de convocados de la selección sub-16 de Dinamarca, sabía que ese chico era un caso especial. Y no porque ese joven zurdo, que dentro de un mes cumplirá 15 años y que juega en el Sollerod-Vedbaek (BSV), un pequeño club de las afueras de Copenhague, sea rápido y tenga un buen regate. Acostumbrado a convocar a decenas de chicos, Larsen sintió un cosquilleo cuando detrás de ese nombre, Andreas, escribió un apellido: Laudrup.
No es el único Laudrup que figura en las listas de Larsen, el técnico responsable de las selecciones inferiores de Dinamarca. El capitán del equipo sub-17, y una de las promesas con más futuro, es un tal Mads, de 16 años. Hasta hace poco, junto a ese nombre figuraba un apellido irreconocible para la mayoría de la gente: Thuno. Uno más.
Centro de atención
Pero no hace mucho, Mads decidió que junto al apellido de su madre figurara también el de su padre. Y Mads es otro Laudrup, el hijo que Michael tuvo con su primera esposa, de la que se separó antes de fichar por el Barça. Los dos tienen algo en común y que poco tiene que ver con su padre. "¡Son zurdos!", exclama Laudrup, encantado por ese signo de distinción. "Los zurdos son distintos", dice.
Andreas y Rebecca, que juega a balonmano, nacieron durante su estancia en Barcelona. Precisamente el Camp Nou fue el escenario donde Andreas empezó a correr detrás de un balón, mientras su padre se divertía en alguno de aquellos rondos virtuosos junto a Koeman, Guardiola, Txiki, Bakero, Stoichkov y compañía, en aquellos rondos donde él casi nunca estaba en medio.
En aquella época, Andreas solía sentarse delante del televisor para ver los partidos del Barça, vestido de arriba abajo como su padre, con una camiseta que le colgaba hasta las rodillas, unos pantalones gigantes y calzado con botas de fútbol. Su gran ídolo era... Stoichkov. Hubo un tiempo en que Andreas vivió en un curioso dilema. Su padre jugaba en el Madrid, pero durante un tiempo él siguió vistiéndose con el uniforme azulgrana, tarareando algo que pretendía ser el himno del Barça.
Andreas empieza a escribir su propia historia, aunque no es fácil hacerlo bajo el peso de ese apellido. Esta convocatoria es un sólo primer paso y quién sabe dónde llegará. Y lo mismo su hermanastro Mads. Hay muchas miradas pendientes de ellos. "Todo el mundo está esperando qué pasa con los dos, si van a seguir los pasos de su padre, de su tío y de su abuelo", explica el periodista danés Christian Hüttemeier.
Hay motivos para esa expectación. Es la tercera generación Laudrup, los nietos de Finn, el impulsor de la saga, primero como jugador --fue internacional-- y después como entrenador, entre otros, del Brondby, el banquillo donde se sienta ahora su hijo y que se enfrentará al Espanyol en la UEFA. Curiosamente, Mads juega en el gran rival, el Copenhague. Brian, el otro Laudrup, el que se sentó junto a Michael en la tribuna de Atenas en la final de la Copa de Europa --uno descartado por Capello, el otro por Cruyff--, tiene un hijo que no parece que vaya a seguirle los pasos. No le gusta el fútbol. Quizá porque a su padre tampoco llegó a entusiasmarle nunca. "Se habla mucho de ellos y cuando me preguntan siempre digo lo mismo: dejadles jugar, son muy jóvenes y tienen que divertirse. Pero, claro, son mis hijos y es difícil que les miren igual que a los demás, aunque la verdad es que los dos lo llevan muy bien", explicaba Laudrup ayer a este diario, poco antes de jugar un partido de veteranos. "Sé que soy interesante para la gente por mi apellido, pero estoy preparado para asumirlo", afirma Mads que, según el seleccionador, no lleva el brazalete por ser hijo de quien es sino por su condición de líder dentro y fuera del campo. "Juega de mediocentro, tiene una buena visión y técnicamente es bueno", es el análisis que hace su padre. "Es rápido y regatea bien, aunque es pequeño", dice de Andreas. Para un apasionado como él de los vinos, un negocio que aún mantiene, Mads y Andreas son su mejor cosecha personal. Tienen una buena denominación de origen. Un Laudrup es un Laudrup.