Lunes, 10 de Octubre de 2005 a las 9:49
ENTREVISTA: LAS REFLEXIONES DEL META >> VÍCTOR VALDÉS Valdés: "He aprendido a calmarme y ahora intento no torturarme"
MARCOS LÓPEZ
|
|
 |
Víctor Valdés Foto: Jordi Cotrina
|
|
|
|
PUBLICIDAD
Manos grandes las de Víctor Valdés (23 años, nacido en L'Hospitalet, criado en Gavà, cuarta temporada en el primer equipo del Barcelona, 88 partidos de Liga). Manos grandes las del guardián del Camp Nou, un joven que ha ido a parar a un lugar donde antes cayeron devorados muchos porteros. De la casa, extranjeros, españoles, famosos, anónimos. Manos grandes, dedos largos, los meñiques torcidos. Pero ser portero en el Barça no es sólo tener buenas manos, ni siquiera poseer grandes reflejos. O buena colocación. Es algo más.
--Después de la temporada pasada, en la que conquistó el trofeo Zamora como el mejor portero de la Liga, se han oído de nuevo pitos en el Camp Nou. ¿Lo entiende?
--Aquí la afición es muy exigente en todo. Sobre todo en el puesto de portero. Ha estado discutido durante muchos años. Y tengo la sensación de que siempre lo seguirá estando. Es un puesto muy difícil, en el que si no rindes eres discutido. Y si rindes...
--Hace unos meses se decía que el Barça tenía portero para años. Ahora, tras un par de errores, se le cuestiona de nuevo.
--Al contrario, creo que cuando decían eso se agradecía mi trabajo, pero ya se sabe que cuando un portero falla, queda retratado.
--¿Siente ahora más presión?
--No. La presión que yo siento es la que me pongo yo mismo. La otra, no. Presión tiene el que está en la calle buscando trabajo y no lo puede encontrar. Presión por hacer bien las cosas, sí. La otra, no. Eres el primero que deseas que todo salga bien porque también sabes que hay una afición que espera lo mismo.
--¿No se tortura?
--Antes más. He aprendido a calmarme y a saber afrontar los malos momentos. Ahora intento no torturarme, antes me comía mucho más la cabeza. Intento pasar página muy rápido. Lo más importante es ser estable psicológicamente y saber que estos malos momentos pasarán.
--¿Cómo lo supera?
--Me considero una persona con un carácter bastante perfeccionista. Soy bastante obsesivo. No sólo en el fútbol, también en la vida. Me gusta mucho el orden en mi casa, tener las cosas superordenadas. Soy muy maniático, soy muy metódico. En el fútbol trabajo para que las cosas me salgan perfectas. Tú eres el primero que sabes en qué has fallado. Tengo una manía interna. Cuando algo me sale mal, quiero dar luego el doble. Entonces, pido que me lleguen más balones para rectificar todo eso y demostrar que fue un error pasajero.
--Por eso, sus entrenadores (Rijkaard, Unzué, el técnico de porteros) elogian siempre su carácter.
--Cuando cometes un error, espero que me tiren 50 veces para demostrar que fue un accidente. ¿Un punto de rebeldía? Quizá sí. Pero también es un parte positiva de mi carácter. No hay ningún delantero perfecto. Tampoco un portero. El fútbol en sí no es perfecto. Es el juego de los errores. Y cuando fallamos nosotros, es gol. Tengo que agradecerle mucho a Unzué. Él sabía de mis defectos, de mi carácter. Y él me ha dado estabilidad. Tanto yo como Jorquera y Rubén somos jóvenes. Tenemos un margen de mejora enorme y con Unzué saldrá. Estoy seguro. Ya se está viendo poco a poco.
--Hace unas semanas cometió un error ante el Valencia. Luego también falló Cañizares. Acabado el partido, fue a abrazarlo.
--Sí, no fue nuestro mejor día, por decirlo de alguna manera. Entre los dos tenemos una buena relación. Para mí, es un portero que ha sido un ejemplo, por todo lo que ha hecho y lo que ha conseguido. Veo a Cañizares como alguien muy grande. Le respeto en todo. Si me dice una palabra, me acordaré de ella toda la vida.
--¿Por eso fue a buscarlo?
--Lo fácil en ese partido, en el que no me salieron bien las cosas y tuve por desgracia ese error, hubiera sido ir corriendo al vestuario. No lo hice. Me fui andando tranquilamente.
--¿Por qué?
--Soy una persona a la que siempre le gusta ir de cara en todo. Nunca me escondo. De nada ni de nadie.
--¿Le llaman chulo, arrogante?
--Yo ya sé que puedo dar esa imagen de arrogancia o chulería dentro del campo. Pero es eso: dentro del campo. Fuera del campo no soy así.
--O sea, no está loco, como acostumbra a decirse de los porteros.
--No, ¡qué va! Loco no estoy. Je, je. Estoy muy bien.
--¿Vio jugar a Zubizarreta?
--Sí, claro. Muchas veces. Cuando eres un niño, lo ves y lo admiras porque es el portero del Barça, el que tienes como referencia. Pero una vez estás dentro del club, te das cuenta realmente de la grandeza de Zubi. Es un referente en todos los sentidos. Cuando estás en el Barça y ves lo que pasa, entonces piensas: ¡qué grande fue Zubi!
--¿Es su ídolo?
--No me gusta compararme con porteros que han hecho cosas muy grandes. Los tengo como referentes. Siento un enorme respeto hacia él. Porque ha conseguido grandes cosas como las que tú sueñas conseguir. El otro día, hablaba con Xavi del partido de Zubi en la final de Wembley. Hizo unas paradas extraordinarias. Jugó muy bien. Tiene un mérito terrible lo que hizo aquel día, aunque la gente, y es normal, se quedara sólo con el gol de Koeman. Eso pasa con los porteros. Somos gente solitaria.
--A Zubi también le silbaron en el Camp Nou. Como a usted.
--Sí. Lo sé. Pero considero que como portero he progresado bastante en muchas cosas. Me noto más estable, con más confianza.
--¿Hace algo para relajarse?
--Juego con la psicología, me encanta. ¿Si toco el piano? Más bien, lo aporreo. Pero es una cosa que me relaja. Son cuatro acordes mal tocados, pero me ayudan mucho. Yo me planteo el fútbol como una diversión, así las cosas salen mejor. Siempre salgo a dar el máximo, pero sobre todo a pasármelo bien. Al fin y al cabo, esto es un juego.
--¿Y tiene algún sueño?
--Siempre sueñas con el título más importante: la Copa de Europa. Sueñas siempre con hacer una gran parada en un partido así.
"¿Por qué soy portero? Pues, fue un poco por... obligación. Bueno, por obligación, no. A mí no me empezó a gustar este puesto hasta que tenía, bien, bien, 16 o 17 años. Fue entonces cuando de verdad me gustó. Empecé con ocho años. Mi hermano mayor, Ricky, fue quien me puso de portero por primera vez. ¿Cómo? Estábamos jugando en la puerta de casa y él, claro, necesitaba alguien a quien tirarle la pelota: "Mira, Víctor. Ponte ahí, va, ponte de portero". Era por necesidad. Y Ricky, al darse cuenta de que, de vez en cuando, sacaba alguna mano buena, le dijo al entrenador del equipo donde jugaba, en Sant Esteve de Sesrovires, que me probara algún día bajo los palos.
Al final, me quedé. ¿Por qué? Porque igual no había otro en ese momento. Pero siendo niño no era mi pasión, no quería ser portero. Ya sabía entonces que es uno de los puestos más ingratos, sobre todo en los malos momentos. En ese instante, no era una pasión para mí. No soñaba con ser portero. Es más, el fútbol no es la pasión de mi vida. Tengo otras cosas. Yo, ahora mismo, lo veo todo de forma muy profesional. E intento disfrutar cada momento al máximo.
Me encanta, por ejemplo, venir al campo a entrenar. ¿Por qué? Porque sé que soy un privilegiado y tengo, por tanto, una vida privilegiada. La competición es distinta, ahí ya tienes momentos buenos y malos, pero el día a día no. Por todas esas razones siempre valoro todo lo que tengo. Es más, sé que debo valorarlo cada día porque si no corres un riesgo. El riesgo de perder el mundo de vista y empezar a despegar. Y cuando despegas....
Creo que hay que mantener siempre los mismos valores, ser siempre la misma persona. Eso es super importante para mí. Además, no tengo nada en contra de nadie. Pero no me considero una de esas personas a las que le gusta rodearse de mucha gente. No, no soy así. Me gustan estar con mis cuatro o cinco personas de confianza, con un grupo muy reducido. Con mi familia. Ése es, en realidad, mi grupo. Ahí estoy cómodo. Soy muy casero. Amigos de toda la vida tengo pocos".