• El camerunés estuvo vinculado al Madrid durante ocho años, en los que apenas jugó tres partidos de Liga con el equipo blanco El viaje en blanco de Etoo
MARCOS LÓPEZ
Foto: Jordi Cotrina
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Cuesta encontrar fotos de Samuel Etoo vestido de blanco. Cuesta verlo con esa camiseta, a pesar de que llegó con 15 años a Madrid --"yo tuve la suerte de venir en avión, otros vienen en patera", recuerda siempre el camerunés para no perder de vista su origen-- y ha roto con el club madridista este verano. Ocho años de militancia, sólo tres partidos de Liga, todos de suplente, 88 minutos (sin goles) y un trasiego que le ha traído al Camp Nou para jugar el sábado el partido de su vida. Tal vez, no el más importante. Pero sí el más deseado. Hace semanas que la gente que vive en el vestuario del Camp Nou escucha la misma frase. "El presidente me fichó para este partido", susurra Etoo a sus compañeros. En ocasiones, hasta eleva la voz, aunque no hace falta. Basta mirarle la cara cuando alguien le pregunta por el Madrid. El club que lo sacó de África con 15 años, a pesar de que nunca confió en él. Un seguidor del equipo blanco llamó al Bernabéu. "Hay un chaval muy bueno en Camerún. Ir a verlo". Allí fueron. Con el aval de José Martínez, Pirri, director deportivo con Ramón Mendoza de presidente, se lo trajeron.
Mañanas en el Bernabéu Etoo no venía solo. Llegó con un compatriota, un zurdo exquisito--"no me acuerdo ya de su nombre", dice ahora el azulgrana--, pero finalmente sólo se quedó él. El amigo era muy bueno, pero se quedó en el camino. Del aeropuerto, donde no les esperaba nadie, al Bernabéu. Allí les recibió José Luis López Serrano, el actual director de relaciones externas del Madrid, entonces director de fútbol. Y del estadio al Hotel Centro Norte, junto a la Castellana, cerca de la ciudad deportiva del Madrid, la nueva casa de Samuel. Quince años y un mundo nuevo por descubrir. De las calles de Camerún a la capital de España. Dormir, entrenar y jugar. Nada más y nada menos. Vida de nuevo rico para un adolescente, pero se aburría. Y entonces, cogía Castellana abajo para dirigirse a las oficinas del Madrid. "¿Qué tal, papi? ¿Cómo estás?", le decía a López Serrano, una de las pocas personas en la capital a las que respeta y admira. "Es mi segundo padre", afirma la estrella. Mañanas enteras de charla con papi López Serrano en las oficinas para matar el tiempo, mientras los técnicos intentaban domesticar al león traído de Camerún. No fue fácil. Un mes después de la prueba, regresó a África para recoger algunas cosas. De vuelta a Madrid, se quedó solo. Su amigo ya no estaba. No hace mucho, Etoo abría una carta en el lujoso Hotel Arts de Barcelona, en el que vive a la espera de encontrar una casa en la que quepan sus seis o siete coches. La carta tenía matasellos de Alemania. Era de su amigo. Ya no es futbolista, ni famoso. Le pedía ayuda. Y Etoo no tardó ni 10 segundos en atender sus peticiones. Hace ocho años emprendieron un viaje común. Uno hacia la fama; otro hacia el anonimato. Les ha vuelto a unir el correo. Y las necesidades.
Compañero de Catanha Mientras su amigo regresaba a Camerún, Samuel era cedido, con su talento indomable y 17 años, al Leganés, un equipo de Segunda A. En el cinturón industrial del sur de Madrid, asomaba cada mañana un joven que se encontró con Catanha, cedido por el Salamanca al Lega, un club que sólo tenía 2.000 socios. "Era un crío. Apenas hablaba español", recordó ayer Pedro Braojos, su técnico en el Leganés. "Lo que más me sorprendió fue su carácter. No se cortaba un pelo, tenía un desparpajo impresionante. Parecía una persona de 30 años, no de 17, como si hubiera vivido un montón de vidas". Al principio, Braojos lo envió al banquillo. Hasta que un día, a inicios de octubre de1997, Samuel se cansó. Fue en Jerez. "Cuando di la alineación y vio que no era titular, me dijo: 'Me marcho'". Etoo abrió la puerta del vestuario para irse. "¿Pero dónde vas? ¿Estás loco? ¡Quédate aquí!", gritó José Mesas, uno de sus compañeros que luego fue su agente, para frenarle. Se quedó, pero con una condición: calentaría con los titulares. "Se creía el mejor del mundo", dice Braojos. Los años le han dado la razón a Samuel. Por eso, si se pregunta por Etoo en Madrid, nadie quiere remover el pasado.