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Fútbol

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Lunes, 15 de Noviembre de 2004 a las 9:28
• Motta, Edmilson y Gabri cuentan sus vivencias sobre la amarga experiencia que viven con sus graves lesiones de rodilla
Seis meses y un día


JOAN DOMÈNECH
 Foto: Jordi Cotrina

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Tres jugadores del Barça. Tres rodillas quebradas. Tres ligamentos cruzados rotos. Tres historias distintas, sin embargo. Operados por tres cirujanos distintos, Motta, Edmilson y Gabri viven historias paralelas. Parecidas y diferentes a la vez. Trabajan frente a una idéntica perspectiva y no es, precisamente, el Barça-Madrid. Se perderán muchas más cosas que el clásico. Pasarán seis meses, como mínimo, antes de que vuelvan al campo. Y un día, indeterminado aún, más pronto o más tarde, reaparecerán.


THIAGO MOTTA
"Ni monotonía ni dolor, lo peor es venir al campo y no poder jugar"
"Fui a presionar a Julio Baptista. Él controló el balón hacia mi costado derecho y cuando apoyé la pierna izquierda para girar y pararle, noté que me rompía la rodilla. Sentí un dolor muy intenso y dos ruidos muy fuertes. Al caer al suelo no la sentía, ni la notaba, y ví que era grave".
Era la segunda jornada de Liga, la presentación oficial del Barça en el Camp Nou frente al Sevilla. Así comenzó para Thiago Motta, el pasado 11 de septiembre, un decepcionante y largo episodio que durará meses. En la ambulancia, le decía a Lluís Til, el médico: "No será grave, ya verás". Pero se autoengañaba. Al llegar a la clínica recibió el mazazo definitivo: rotura del ligamento cruzado anterior y rotura parcial del ligamento lateral interno de la rodilla izquierda.
Un rato antes del partido se sentía "perfecto". Había adelantado a Ronaldinho que jugaría un partidazo y que marcaría un gol. Era el año de Motta, anunciado por la directiva, que había renovado su contrato, y por el propio jugador italobrasileño, decidido a enterrar su irregularidad. El año aún no está perdido del todo. Operado el 27 de septiembre por el doctor Richard Steadman en Vail (Colorado, EEUU), los seis meses prescritos de baja se cumplen en marzo.
Durante esos días en los que esperaba la operación y se decidía quién le operaba --un antiguo sainete del Barça que ha vuelto a representarse--, Motta acudió a ver a la psicóloga del club. Recibió un valioso consejo, tan fácil de dar como difícil de seguir. Es necesario distraerse y no estar pendiente de la lesión. Inevitablemente, ha imaginado si la rodilla quedará bien o mal, si tardará más o menos "Ni el dolor ni la monotonía; lo peor es venir al campo a mirar los partidos sin poder jugar", dice el futbolista, que en el primer equipo ha encadenado una dolencia tras otra.
Evitar esa imagen cotidiana de ver a los compañeros cambiarse para salir a entrenar o a jugar es una de las razones por las que se marchó el jueves a Brasil. En Sao Paulo iniciará la segunda fase de la rehabilitación con Luiz Alberto Rosan, fisioterapeuta de la selección brasileña. Hasta ahora, el trabajo se limitaba a estirar y flexionar la pierna izquierda, para conseguir la máxima elasticidad, con dos sesiones diarias de gimnasio y fisioterapia, y eventuales visitas a la piscina. En lugar del ligamento tiene insertado el tendón rotuliano. Motta ya camina sin muletas y, lejos todavía de la reaparición, ve la vida de otro color. Tanto, que está convencido de que la rodilla le quedará "mejor que antes".


JOSÉ EDMILSON
"Hace 10 años que tengo al mejor psicólogo de todos, que es Dios"
"Hacía dos o tres minutos que había entrado al campo. Hice un salto normal y al apoyar la pierna en la caída, se me fue a un lado. Escuché un ruido y noté un dolor increíble que jamás había sentido. En el suelo pensé que tenía la rodilla rota y que estaría mucho tiempo parado. Los jugadores sabemos cuándo tenemos algo grave".
En realidad, José Edmilson no lo sabía, porque nunca había estado más de dos semanas de baja por alguna lesión leve. Fue una simple deducción. De camino hacia la Asepeyo ese 3 de octubre, acompañado de Sylvinho, estaba convencido de que estaría mucho tiempo en la grada. A la rotura del ligamento cruzado --el tercero, porque Gabri había caído dos semanas antes-- se añadía un arrancamiento de la parte posterior del menisco interno de la rodilla derecha. La del brasileño es la lesión más grave de las tres.
"Había dos opciones: extirpar esa parte del menisco, con el riesgo de que con el tiempo se produjera un desgaste del cartílago, o tratar de salvarlo suturándolo", recuerda Jordi Ardèvol, el jefe de los servicios médicos, que fue quien le operó al día siguiente. El problema de esa sutura es que existe un riesgo del 20% de que falle la cicatrización. Edmilson, a sus 28 años, quiso correr ese riesgo, a costa de que la rehabilitación sea más costosa.

Coche y chófer a disposición
Motta y Edmilson han compartido muchos días de dolor y esfuerzo en las camillas del vestuario. Volverán a coincidir dentro de unas semanas en Brasil. Estar juntos les ha ayudado a superar los malos ratos. Motta ha estado arropado por sus padres, sus hermanos y su novia; Edmilson aún vive en el hotel, con su esposa Simeia y su hija de dos años Tiffany, que aún no entiende por qué su padre no la coge ni juega tanto con ella como antes. Porque papá va todavía con las dos muletas y necesita ayuda. Tanto a él como a Gabri el Barça les ha puesto un coche con chófer a su disposición.
Pero Edmilson no necesita a nadie más. Ni tampoco la ayuda de un psicólogo como Motta. "Ya tengo uno. Hace 10 años que tengo al mejor psicólogo de todos, que es Dios", explica el jugador, que ha asumido la lesión como un mandato divino. "Si Dios nos ha procurado esto es porque tengo que aprender algo. El futbolista Edmilson estaba bien, pero igual la persona Edmilson, como padre, como hijo, tiene que cambiar en algo", cuenta. Y asumida la enorme frustración "de no haber podido disfrutar un poco del Barça, de la Liga, de la Champions", no pierde de vista tampoco, cuando está en la Asepeyo dos horas y media al día --más otras tantas en el Camp Nou--, que hay gente mucho peor que ellos. Eso no se lo ha enseñado la Biblia, que lee a diario. Lo ve. Con paciencia --"cuesta superar esto, no somos superhombres"--, se abraza a la fe convencido de que saldrá adelante: "Todas mis victorias llegaron después de grandes dificultades".


GABRI GARCÍA
"Todavía tengo grabados los 'crec, crec, crec' que oí en la rodilla"
"Corrí a buscar un pase de Deco. Controlé el balón con el interior del pie derecho hacia dentro. Al apoyar la pierna, noté que el cuádriceps no me respondía, que no se activaba, que me quedaba sin fuerza. Todo el peso del cuerpo recayó en la rodilla y el ligamento no aguantó. Una jugada tontísima". Sucedió el 23 de septiembre a los 8 minutos del Barça-Zaragoza y Gabri García no ha olvidado ese dolor tan agudo que le estremeció. Ni un sonido pavoroso que jamás había escuchado en sus 25 años. "Todavía tengo grabados esos dos o tres crec, crec, crec que oí en la rodilla".

Tiempo para pensar
Está grabado en su memoria porque es un recuerdo demasiado reciente. Tanto, que todavía le invaden ratos de tristeza de tantas vueltas que le da a la cabeza sobre cuándo reaparecerá y cómo habrá quedado la articulación tras ser operado. La cicatriz está ahí presente, como el dolor, como las inseparables muletas. "Tienes tanto tiempo para pensar que sólo piensas", reflexiona Gabri, que no comparte el análisis de Edmilson sobre el origen divino de la lesión, aunque coincide con su compañero en que algún día recibirá una recompensa. El defensa no oculta tampoco que se ha sentido y se siente solo, algo abandonado, y no por la familia precisamente.
Tal vez sea porque Gabri es el único jugador azulgrana que realiza la recuperación fuera del Camp Nou, lejos de la órbita de los médicos del Barça, a quienes sólo visita una vez a la semana. El centrocampista, que como sus compañeros se lesionó en los compases iniciales del juego, fue operado por el doctor Ramon Cugat el 18 de octubre. Cronológicamente, ha sido el último en pasar por el quirófano. Tercer lesionado, tercer cirujano.

Un tendón de ligamento
Al igual que Steadman con Motta, Cugat le insertó una porción de tendón rotuliano --tiene un grosor de 9 milímetros y entre 8 y 10 centímetros de largo-- en el lugar donde estaba el ligamento cruzado. El médico catalán, que la pasada semana operó a Gaizka Mendieta (Middlesbrough) y a Roger (Villarreal) de la misma lesión, opta por una fase inicial de recuperación distinta a partir de una primera semana de inmovilización.
Los tres hablan ahora más de elasticidad, flexibilidad, de los grados de flexión de la pierna, de sus fisioterapeutas --Jaume, Joan, Ferran, Miguel Ángel-- que de fútbol. Avanzan hacia adelante sin ninguna obsesión. "Me gustaría ir a una convocatoria y jugar un minuto. Sería cojonudo. Me he lesionado al segundo partido", dice Gabri, que se perderá el clásico, pero que se resiste a perder la temporada.



 
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