• El entrenador dice que no puede llamar ahora a la puerta del Barça, pero no descarta volver algún día Pesic, sin rencor
EMILIO PÉREZ DE ROZAS
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El avión trae retraso, cómo no. El vuelo 1668 de KLM parece que va a embarcar con puntualidad, el 8793 de BER, un vuelo de Air Berlín lleno de modernos, anuncia, al menos, 40 minutos de espera. Paciencia. No hay problema, Svetislav Pesic, el extécnico triunfador del Barça de básquet, no tiene nada que hacer los próximos meses. Su incompatibilidad con Valero Rivera le impidió "por criterio, por convicción", porque no estaba "cómodo", seguir en el equipo. Así que Pesic, de 55 años, se instala en los incómodos bancos de El Prat, frente a la puerta 32, y yo abandono el mío de la puerta 33, desde donde partirá el vuelo Amsterdam-Kuala Lumpur (Malaisia), para conversar con el técnico.
El club y la ciudad Cuando habla del Barça le brillan los ojos. Nada que ver con la nostalgia sino con la satisfacción del trabajo bien hecho. Y, por qué no decirlo, la posibilidad de volver. "Yo no puedo llamar otra vez a esa puerta. ¿Podría? Sí, pero no lo haré, siento que no debo hacerlo. Además, el presidente acaba de decir que no hay vuelta atrás". Tres minutos son suficientes para darse cuenta de que a Pesic le encantaría volver. "Nunca se puede decir que eso no ocurrirá. Y, ¿sabe por qué? Porque yo quiero a este club y amo esta ciudad. Pasaré aquí los próximos meses y noto que la gente me aprecia, lo veo en sus caras y por lo que me dicen por la calle. Siempre me he sentido a gusto aquí, en un lugar tan agradable. Quién sabe si dentro de unos meses, tal vez podamos sentarnos y hablar. Tengo la sensación de que la puerta del despacho del presidente siempre estará abierta para mí".
Secciones que funcionan Los holandeses han empezado a moverse. Air Berlín sigue muda; KLM sí cumple. Pesic parece entender mejor el retraso de su vuelo --viaja a Berlín para pasar unos días con su hija Ivana, que estudia allí-- que toda la movida ocurrida en el Barça. "He hablado con muchísimos culés, y estoy tranquilo. No soy el único que no entiende nada de lo que ha ocurrido. Porque si algo funciona, y las tres grandes secciones del Barça tenían éxitos, ¿por qué tocarlo?" Y añade: "Nosotros, en el básquet, no teníamos ni un problema. Bueno, sí, tal vez los derivados del duro trabajo diario, pero esos los resolvíamos siempre en 10 segundos". Pesic recuerda que el equipo se sentía arropado, querido y protegido por el Palau. "Le diré una cosa: lo mejor, con mucho, de la sección de básquet son sus jugadores, que trabajan tan duro como tú quieras y se entregan como pocos. Yo he conocido muchos equipos, pero éste es excepcional". Acudo a mi puerta. Un catalán de KLM dice que quedan 10 minutos para el embarque. Regreso junto a Pesic. "Para mí, todo el lío, la salida de Maceiras, el revuelo alrededor de Valero, su salida, la mía, la postura de Laporta, es incomprensible. Yo tuve suficiente con cinco minutos de charla con Laporta para darme cuenta de que no tenía fuerzas para hacer marcha atrás. No sé por qué, pero le era imposible recular". Pesic tiene todo el tiempo del mundo. A mí, se me escapa el avión. Me despido del técnico, quien revela: "En mi conversación con Laporta le sugerí que no tocásemos nada, y que siguiéramos así hasta final de temporada, y que luego nos sentásemos a conversar. No lo admitió y yo no podía trabajar así. No me quedó más remedio que irme". Igual que yo, rumbo a Amsterdam, rumbo a Kuala Lumpur. Allí parece todo más tranquilo, con Pedrosa y Sete en busca de una nueva victoria el próximo fin de semana.