Lunes, 24 de Mayo de 2004 a las 10:25
La debacle
Javier Lunaro
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Parece una broma, pero es así. El Madrid ha encadenado la peor racha liguera de su historia, su defensa sigue siendo de salón de la ‘señorita Pepis’, los más pipiolos de la cantera de la Real Sociedad parecían Maradona cada vez que la tocaban ante un Madrid impotente, Queiroz se ha despedido luciendo el más claro rostro de la impotencia y Florentino va a despedir a Queiroz tras mostrar en el palco su mejor catálogo de caras de mala leche.
Creo que no descubro nada si digo que el madridismo se prepara para grandes cambios. De entrada, habrá cambios en el banquillo. El nombre de Camacho es el que más suena, pero la negociación con el de Cieza va a ser complicada porque es un hombre de los que no se venden por un plato de lentejas. También habrá cambios en el vestuario, con nuevos 'cracks' no mediáticos, pero efectivos. Y, según vayan las cosas, habrá cambios en los despachos del Bernabéu. Puede ser algo suave, con el relevo de Jorge Valdano, o algo más radical, con un candidato fuerte que destrone a Florentino en las elecciones del próximo verano.
De entrada, se confirma que el buitre leonado Lorenzo Sanz está rondando el Bernabéu para aprovechar la carroña de un Madrid sin títulos. De hecho, el día antes del Madrid-Barça conversó con el hermano de Ronaldinho para ver si podía vestir de blanco al jugador más feo y a la vez más genial del mundo. Y no le quiere dar la Primera Comunión. Le quiere pegar un su traje blanco el escudo del Real Madrid, con el logo de Siemens o lo que toque para la ocasión. Sanz lo tiene complicado. No es únicamente el tema de los avales. Sanz ha metido la mano en la caja en más de una ocasión y Florentino ha saneado el club. El futuro del Madrid sin Florentino no pasa por Lorenzo Sanz, sino por un tapado cuyo nombre todavía es un misterio.
Mientras tanto, José Antonio Camacho está esperando en Lisboa. Su entorno más cercano asegura que quiere venir a Madrid, pero no lo va a hacer de cualquier manera. En primer luchar, 'Jose' (así es como lo llaman sus íntimos) no va a aceptar la política de 'Zidanes y Pavones'. Para él, un equipo ganador significa grandes estrellas, pero también currantes de la cancha y chavales jóvenes de la cantera a los que habrá que dar minutos, pero siempre en su justa medida, no para tapar los huecos que los galácticos dejan sobre la cancha. A diferencia de Queiroz, Camacho no va a tragar con lo que le den.
En segundo lugar, el que posiblemente sea nuevo entrenador del Madrid pretende plenos poderes. No se trata de antipatías hacia Valdano. Simplemente es tener las manos libres para trabajar con todos los medios al alcance de la mano, sin tener que consultar con una instancia superior, sin tener que preguntar si es bueno éste o aquél fichaje. Camacho quiere traerse a sus colaboradores más próximos, sin trabas ni cortapisas, trabajar a gusto. Camacho sabe que lo tiene complicado y conoce los riesgos. Si Camacho falla en la próxima temporada, podría convertirse en un nuevo Clemente o un nuevo Antic. Un hombre que, en su momento, fue un gran entrenador, pero que ha quedado reducido a un vulgar apagafuegos. Y el incendio en el bosque madridista ya ha arrasado muchas hectáreas.