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Fútbol

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Lunes, 22 de Diciembre de 2003 a las 13:26
• El técnico no logra darle estabilidad al Barça en el primer tramo de la Liga
La montaña rusa de Frank Rijkaard


MARCOS LÓPEZ
 Foto: Jordi Cotrina

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Desde el portero hasta el delantero centro. Rijkaard lo ha cambiado todo en el Barça. El holandés es un técnico joven que ha descubierto la dificultad de la Liga, ampliada además por la complejidad del club que dirige desde el banquillo. Todo cambia, excepto la sumisión colectiva a Ronaldinho, el factor distinto y decisivo. Con el brasileño en el campo, la vida es mucho más fácil. Para Rijkaard, el primero. A.-Cuatro jugadores con rango de intocables En 17 jornadas de Liga sólo hay dos futbolistas que han tenido el rango de intocables para Rijkaard: Ronaldinho y Van Bronckhorst. En realidad, son cuatro porque habría que añadir también a Cocu y Puyol, pero en ambos casos el técnico tuvo que admitir algo que se sabía antes de empezar. Para todos, Puyol es ya mucho mejor central que lateral derecho, pese a que en la selección española, curiosamente, ha sido ubicado en la banda izquierda. Aunque Rijkaard defendía inicialmente lo contrario --en las seis primeras jornadas lo usó como lateral--, luego reconoció que lo mejor era desplazar a Puyol al centro. Una vez adaptado ahí, nadie lo ha vuelto a cambiar. Tampoco a Van Bronckhorst y Ronaldinho, a quien empleó en el verano demasiado cerca de la cal. Pero pronto vio Rijkaard que el brasileño necesitaba dominar el campo desde el centro. Porque en la libertad táctica del brasileño va implícita también la felicidad del equipo. B.-La T de Laporta tarda meses en visualizarse No es casualidad que sólo dos de los siete fichajes que componían la T de Laporta (Ronaldinho y Van Bronckhorst) hayan superado el 60% de los minutos jugados en la Liga. La T era la columna vertebral del nuevo Barça, la piedra filosofal para acabar con tanta indefinición y tanto error cometido recientemente en la política de refuerzos. Joan Gaspart, por ejemplo, se gastó en tres años la misma fortuna en fichajes que Florentino Pérez (180 millones de euros, 30.000 millones de pesetas), pero ni un solo portaaviones, siguiendo el lenguaje laportiano, llegó al Camp Nou. Ahora, cuatro meses después de dibujarla en el ordenador, la T empieza a visualizarse en el césped porque juega el meta turco Rustu, el origen de esa letra, y hasta cuatro fichajes más coincidieron en Montjuïc hace una semana. Anoche, las ausencias de Márquez y Quaresma, por sanción, devolvieron al Barça el viejo perfil, otra prueba más de que no es fácil que la T se asiente. C.-De la 'revolución' a la 'contrarrevolución' El Barça se consumía en casa, con dos empates consecutivos (Sevilla y Osasuna) y dos derrotas (Valencia y Depor). Y la gente dejaba de acudir al Camp Nou cuando Rijkaard, con la recuperación de lesionados como Gabri, Motta o Luis García, ideó una revolución. En septiembre y octubre, coincidien- do con el inicio del caso Kluivert, el técnico apartó a la vieja guardia (Luis Enrique y Overmars), para apostar por la T. Una foto del banquillo en Son Moix, el pasado 26 de octubre en Palma, ilustra ese cambio, con Luis Enrique, Kluivert y Xavi, de suplentes, y Overmars, en su casa. Y cinco fichajes en la alineación. Pero la revolución de Rijkaard se vino abajo cuando el bíceps femoral de la pierna derecha de Ronaldinho se rasgó cinco centímetros (9 de noviembre), abriendo un largo mes de depresión. Entonces, el técnico hizo la contrarrevolución, recuperando a jugadores que parecían perdidos para su causa. Xavi y Overmars son los dos los casos más espectaculares de reinserción en el equipo, mientras otros, como Valdés, se veían arrastrados al banquillo, devorados por la crisis. D.-Con y sin extremos, y hasta un tridente efímero Sabido es que Rijkaard no usa libreta como lo hacía su compatriota Van Gaal. Tal vez por ello, aún no ha dotado al Barça de una estructura definida, más allá de los obligados cambios por lesión o sanción. El técnico ha partido, eso sí, de una base innegociable. Él juega siempre con cuatro defensas, sea frente al Madrid o la Gramenet, aunque la pareja inicial de centrales por la que optó (Reiziger y Cocu) haya dejado paso luego a otra más racional, con Puyol. También ha sido innegociable para Rijkaard el doble pivote. Eso sí, caótico, porque primero alineó a Xavi y Gerard, luego a Gerard y Motta, más tarde a Xavi y Motta, con presencias de Márquez, y hasta a Xavi y Cocu. Pero es en el ataque donde Rijkaard no halla la solvencia que pretende, purgando, como sus antecesores, la falta de un goleador. Empezó jugando con un solo extremo, recurrió, sin éxito, al tridente durante dos partidos, apostó por un equipo físico en el Calderón, hasta que recuperó los extremos. Y en el clásico frente al Madrid, lo probó todo para descubrir que, sin el juego por las bandas, el Barça no tiene identidad. Ni tampoco personalidad. E.- Patrick Kluivert, un caso manejado con tacto En manos de cualquier otro entrenador que no fuera Rijkaard, el caso Kluivert habría acabado con el delantero fuera del Camp Nou y una herida abierta que hubiera tardado varios meses en cerrarse. Pero el técnico, que esconde un perfil duro bajo esa voz acaramelada, lo manejó con un tacto y una habilidad que no se le suponían. Hace dos meses, Kluivert estaba condenado por su falta de química con la afición --le reprocha más los goles que falla, que festeja los que logra--, como por la junta, que le rebajó la ficha. Tal vez, Kluivert siga estando condenado a hacer las maletas el próximo verano tras permanecer seis años en el Barça. Pero mientras llega ese día, si es que llega, Rijkaard ha recuperado a un jugador que parecía perdido. Sin futuro alguno, sin ni siquiera presente. ¿Cómo lo hizo? Con astucia. Protegiéndole de la ira del Camp Nou --estuvo un mes y cuatro días sin pisar la hierba del estadio azulgrana--, mimándole con elogios y defendiéndole de las críticas que escuchaba. Eran los días en que Saviola marcaba goles y Kluivert sólo jugaba fuera de casa los minutos de la basura. Hasta que se lesionó Ronaldinho frente al Betis (m. 18) y lo sustituyó el holandés, a quien nadie discutió porque 25 minutos después de entrar en el campo marcó el primer gol del Barça. Entonces, Rijkaard sonrió porque el mes de terapia con su compatriota le había salido redondo. Kluivert jamás podrá, sin embargo, librarse de la sombra de sospecha que levanta. No es un goleador, pero lleva registros de tal, con un promedio de 20 tantos por temporada, aunque eso no le basta al Barça. Desde que se fue Ronaldo (1997) y luego no lo quiso repescar Van Gaal, el Camp Nou busca a alguien que lo reemplace.


 
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