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Fútbol

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Sabado, 1 de Noviembre de 2003 a las 17:38
El Barça confía en que el brasileño supere el dolor del tobillo para tumbar a la Real
Ronaldinho, duda para el partido de mañana ante la Real Sociedad


David Torras
 Ronaldinho
 Foto: Jordi Cotrina

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La Liga ha llevado a la tropa de Rijkaard a las puertas de un fortín pero, lejos de acobardarse, el equipo está dispuesto a hacer saltar por los aires el mito forjado por la Real durante un año y medio. Nada menos que 28 combates sin doblar la rodilla. El Barça llega a la cita mostrando la mejor hoja de servicios de la Liga como visitante y con el pecho hinchado por las dos últimas victorias. Pero ayer, en el último momento, sufrió un pinchazo de inquietud al mirar a su estandarte. En el vestuario, todos sienten las molestias del tobillo de Ronaldinho. Y todos cruzan los dedos para que el brasileño apriete los dientes, se trague el dolor y les ayude a abrir las puertas de Anoeta. La Real no parece lo que era, pero aún mantiene intacto su espectacular rendimiento en casa, una de las claves del éxito de la pasada temporada. Eso y, por supuesto, la magia de Raynald Denoueix. Nada que ver con el Barça, que en los últimos tiempos ha convertido el Camp Nou es una especie de casa de caridad donde se reparten puntos sin ton ni son. El miércoles, al fin, rompió esa tendencia, justo cuando la Real parece haber invertido la suya, como delata el 4-0 del Calderón. El hechizo de Denoueix se ha deshecho y, claro, los elogios han dado paso a los palos. Como en todas partes. UN BUEN EJEMPLO Ya le gustaría al Barça llegar en este primer año de proyecto donde llegó la Real, después de haber malvivido por la zona baja con Toshack y Clemente, y haber flirteado con el descenso. Así que, salvando las distancias, Joan Laporta, que viajó ayer con el equipo, busca para el Barça lo que el también joven presidente José Luis Astiazaran ha hecho realidad en Anoeta, y a Rijkaard no le iría nada mal seguir los pasos de de Denoueix. "La Real es un buen ejemplo", admitió el técnico, en referencia al rendimiento que ofreció el equipo vasco en el primer año de Denoueix. "Aunque --añadió-- no hemos de confundir esto con el hecho de que la filosofía del Barça ha de basarse pensando también en el futuro". Pero la realidad es que el presente manda y Rijkaard, por ejemplo, anda más tranquilo ahora, después de dos triunfos que hace dos semanas. Claro que, de momento, nunca se le ha visto perder la calma. Ni siquiera cuando responde a preguntas que preferiría no escuchar. A diferencia de su compatriota Van Gaal, un espejo en el que no se mira, él calla. Así que, en cuanto aparece el nombre de Kluivert a escena, mira hacia otra parte. "No quiero hablar de jugadores que no juegan porque estaríamos toda la temporada igual. Si queréis saber algo de Patrick, hablad con él". Y ahí mato el tema. No hubo forma de romper ese muro, tan firme como el que centra sus preocupaciones: Anoeta. EL PUNTO DE REFERENCIA Y precisamente para derribar esa fortaleza inabordable desde el 10 de marzo del 2002 necesita que el tobillo derecho de Ronaldinho, víctima de una entrada fortuita de Luis Enrique en el entrenamiento de ayer, se despierte hoy como si nada hubiera pasado."Sería una lástima que no pudiera jugar porque su rendimiento es muy alto", admitió el técnico. No es nada importante, todo es cuestión de dolor. El problema es que la zona afectada no puede ser infiltrada y el único tratamiento posible es a base de hielo y antiinflamatorios. Así que Ronaldinho dirá. La decisión está en sus manos. Y mucho tendrá que dolerle para que no juegue. "Ronaldinho es un punto de referencia para nosotros", dijo Puyol, que sí habló de Kluivert. Y, claro, le echó una mano. "A ningún jugador le gusta que le silben. Cuando silban a un jugador silban a todo el equipo y no ayudan al Barça". Con Ronaldinho en su sitio, Rijkaard volverá a cambiar porque no le queda más remedio. Gabri regresará al lateral y Xavi ocupará la plaza del lesionado Gerard. En la convocatoria sí hay caras nuevas. Vuelven Overmars e Iniesta, y aparece por primera vez Mario, el fichaje invisible. Pese a su obsesión por mantener el mismo once, Rijkaard se resiste a proclamar que ya ha encontrado lo que buscaba. "No quiero hablar de equipo ideal", dice. CONTROL EN EL CAMP NOU Entretanto, el club sí que sigue buscando mejorar los mecanismos de control en el Camp Nou. Y no sólo en los partidos. Ayer, los guardas de seguridad anotaban el nombre del propietario y la matrícula de todos los coches que entraban en el estadio. Una medida que ya se aplicó hace años y que se anuló enseguida a petición de la Guardia Urbana por las retenciones que provocaba. Pero hoy el interés del club es que el equipo no dé marcha atrás en su escalada.


 
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