Quizá haya sido por obligación
o, tal vez, se deba a sus largas charlas con Txiki Begiristain, el secretario
técnico, pero resulta evidente que Frank Rijkaard ha dado un giro. En
sólo tres partidos ha cambiado el esqueleto del Barça, tomando
decisiones drásticas como enviar a Overmars a la grada, prescindir de
Xavi o dejar en el banquillo a Luis Enrique y Kluivert.
La desaparición de las 'vacas
sagradas'
No tiene aspecto Rijkaard de ser un técnico muy
revolucionario, pero las circunstancias --el Barça se encalló
en el Camp Nou, donde aún no ha ganado-- le han obligado a cambiar sus
ideas iniciales. Harto, sobre todo, de que el equipo no encontrara el equilibrio
que tanto pregona. Por eso, hace poco más de una semana el holandés
hizo su particular revolución, pese a que quedó sepultada por
la derrota llena de impotencia frente al Deportivo. Entonces empezó a
sacar el látigo, aunque no lo dijera públicamente ni lo aireara.
Rijkaard se cansó de Overmars, que ha protagonizado un fulgurante viaje
de la titularidad a la grada; arrinconó a Xavi en el banquillo porque
prefiere colocar antes a una pareja alta y potente en el centro del campo (Gerard
y Motta), y aprovechó que Luis García se había recuperado
de una lesión muscular para darle la banda izquierda del ataque. Esa
progresiva y lenta desaparición de las vacas sagradas se completó
el domingo en Son Moix cuando decidió que Luis Enrique fuera suplente
por primera vez esta temporada.
La reconstrucción empieza desde atrás Tan feliz quedó Rijkaard de la reestructuración
que realizó en el equipo que repitió en Son Moix con un único
cambio: Quaresma por Luis Enrique. En ese movimiento de piezas se han perdido
varios jugadores en el camino, además de Xavi y Overmars. Márquez,
por ejemplo, sabe que es el suplente de Cocu o de Puyol en el eje de la zaga,
y Reiziger ya no tiene el estatus de titular. Todo ha sido provocado por la
aparición de Gabri, un centrocampista reconvertido en lateral derecho,
algo que ya hicieron en su día Serra Ferrer, Van Gaal y Antic.
Con Gabri en la banda, Rijkaard se olvidó de Puyol, una de sus apuestas
iniciales, y lo incrustó en el centro de la zaga, como habían
hecho también sus últimos predecesores en el banquillo. Mañana,
frente al Murcia, el técnico deberá suplir a Gabri (Reiziger y
Óscar López son las opciones naturales). "Quiero pedir disculpas
públicamente a mis compañeros, al técnico y al club. Cometí
una equivocación, no supe controlar mis emociones", dijo ayer Gabri
en un inusual gesto de arrepentimiento por la tarjeta roja que vio en Son Moix
ya en el minuto 90 y con el 1-3 en el marcador.
Cuando Saviola logra desbancar a Kluivert Hasta que se lo permitan las lesiones o las sanciones,
Rijkaard ya ha encontrado la defensa y el corazón del centro del campo
que ha buscado durante dos meses. Sigue, sin embargo, dándole vueltas
al ataque, en el que se ha vivido un inesperado cambio de guardia: Saviola por
Kluivert. A principios de octubre, coincidiendo con el duelo frente al Valencia,
el argentino malvivía en el banquillo hasta que el Camp Nou lo pidió
a gritos. Y Rijkaard, disciplinado él, accedió a esa demanda.
Desde entonces, el Pibito, aprovechándose de la lesión de Kluivert
y de los problemas de éste con la afición, se ha hecho titular
y ya marca.
El holandés, en cambio, sigue en un círculo peligroso --no ha
marcado en la Liga-- y Rijkaard le da los minutos de la basura. "No hay
más presión con Patrick en el banquillo. Si jugué es porque
el técnico ve quién está mejor", dijo ayer Saviola,
quien ve normal que mañana actúe el equipo que ganó en
Mallorca. Rijkaard apuesta por especialistas para recobrar el juego por las
bandas. Y tres de los cuatro delanteros en Son Moix (Quaresma, Ronaldinho y
Luis García) eran fichajes nuevos.