Radomir
Antic
"Mi posición
es más importante que la de un ministro"
Le
llamaron para que sacara al Barça de la UVI. En apenas dos meses, el
equipo parece haber recuperado el pulso y él ya ha palpado los males
de un club que lleva años en el diván del psicoanalista. Sin saber
aún qué será de él, Radomir Antic alberga la ilusión
de ser el arquitecto de un Barça mucho mejor.
--Le
están saliendo bien las cosas.
--Un entrenador depende mucho de que entre o no el balón, pero detrás
de eso tiene sus pequeños triunfos. Yo creo mucho en este componente.
Por ejemplo, cuando acaba el entrenamiento y ves cómo ha cambiado la
actitud de algunos jugadores, cómo han mejorado, eso esa una satisfacción.
Te hace pensar que se está produciendo un proceso y que va a ir a más.
Y eso, a veces, llena más que un resultado.
--Pero
no es fácil tener esta filosofía en un mundo donde prevalece el
egoísmo y donde todo acaba conduciendo a la ley del marcador.
--Uno debe adaptarse a esto. Yo no vine al Barça a cambiar el mundo,
pero sí a encontrar en mí mismo la capacidad para superar una
situación adversa y convertirla en positiva. Por supuesto que me gustaría
seguir, pero ahora no pienso en eso, no puedo.
--Hable
de esas pequeñas victorias.
--Pues, sobre todo, veo que la gente viene a entrenarse con alegría.
Antes, en el hotel, ni se hablaba, parecía un entierro. Ahora, tenemos
una relación justa, humana, sin presiones, pero también con autoridad.
La autoridad no se consigue con un látigo o alzando la voz, sino convenciendo
a los jugadores. Yo no hablo de vacío pero tampoco doy discursos de dos
horas y eso que he hecho más reuniones aquí que en toda mi vida.
Hay que dejar que la gente piense por sí misma.
--Podría
dar algún ejemplo del espíritu de estas reuniones.
--Hay un ejemplo conocido, el de Phil Jackson con Shaquille O'Neal. O'Neal no
acertaba ni un tiro libre y los periodistas le preguntaron a Jackson por qué
no trabajaban este aspecto. Y este dijo: "Bueno, si yo obligo a hacer esto
a un jugador, que es el mejor del mundo, de alguna manera estoy diciendo que
no lo es porque tiene la necesidad de cambiar algo". Con un poco de psicología
el problema está resuelto. Siempre digo lo mismo: los burros no se mueven
empujándoles, sino con la zanahoria delante. Esta es mi filosofía.
--Pero
al mismo tiempo la gente tiene la idea de que para dirigir un vestuario hace
falta mano dura.
--Creo que el grupo por sí solo está imponiendo esa ley interna.
Si todo el mundo sabe lo que le conviene al grupo y se compromete con esa idea,
es más fácil tener orden. Es una autoridad de compromiso y eso,
para mí, tiene muchísima más solidez y más valor
que gritar.
--¿Cree
que el grueso de los problemas ya está resuelto?
--No, todo lo contrario, porque tengo un calendario que no se lo recomiendo
ni a mi peor enemigo, y lo que no podemos hacer es complicar las cosas. Estamos
en plena lucha y todos los días intercambiamos cromos. Que si fichamos
a éste, que si lo cambiamos por el otro, que si éste sigue y éste
no. Al final, el único que sale perjudicado soy yo, porque tengo que
sacar rendimiento de una plantilla que está distraída.
--Pero
lo está consiguiendo.
--Cuando vine, dije que iba a potenciar las virtudes de los jugadores y tapar
los defectos. Hay que primar el papel del grupo. Si un futbolista, como Riquelme
el otro día, juega un partido medianamente bien y después dice
que tiene que jugar en su sitio, no es bueno. Y luego Bianchi habla y habla,
cuando en Europa no ha hecho nada. ¿Cómo puede hablar desde Argentina?
Que se quede allí con sus opiniones. Y lo mismo Maradona. El fútbol
español no tiene nada que ver con otras ligas. Las exigencias individuales
y tácticas son distintas.
--No
le habíamos preguntado por Riquelme. Le resultará extraño.
--Uno de los logros de las últimas semanas es que cada vez me preguntan
menos por Riquelme. Es un jugador como todos, que tiene que trabajar en favor
del grupo. Si se integra antes tiene más posibilidades. Yo no voy a exigir
a un jugador nada que no vaya con sus características, pero no puedo
defender a alguien que no sea capaz de sacrificarse por el grupo. Y yo con paredes
no hablo.
--Pero
le gusta hablar.
--La comunicación es muy valiosa. Mi posición es más importante
que la de un ministro del Gobierno. Tienes más influencia porque está
más presente. Hablas más, te escuchan más, te ven más...
--Desde
el primer día ha sido muy conciliador, pero no puede disimular su malestar
cuando detecta falta de confianza en el equipo.
--Hay cosas que no pueden ser. El Barça debe valorar mucho más
sus resultados, tanto por parte del club como por parte de la afición.
Ganamos en Newcastle por 0-2 y parece que no hicimos nada.
--Pero
esto es muy típico de aquí.
--Lo sé, pero desde mi posición quiero denunciarlo. Todos, incluido
yo, nos preguntamos por qué el Barça, con este imperio, sólo
ha ganado una Copa de Europa en 103 años de historia. Y, además,
dudamos incluso de si ha sido justo o injusto, que si en la prórroga,
que si fue contra un Segunda... Todos hemos de reflexionar: ¿Por qué,
por ejemplo, en básquet tienen a los mejores jugadores y en fútbol
queremos formar jugadores? ¿Por qué?
--Cuando
las cosas van mal, siempre aparece el famoso entorno.
--El bastón que utilizamos con el entorno hay que sacárselo de
encima. El entorno no puede ser el culpable de todo.
--Es
decir, que el entorno no tiene tanto poder como se le concede.
--Lo que hay que hacer es unirse y no complicar más las cosas. Ahí
está el ejemplo del Newcastle. Fue un gustazo ver cómo aplaudían
a su equipo y al entrenador después de perder con nosotros. Eso es una
actitud positiva. Si piensas que cuando jugó aquí el Inter vinieron
5.000 aficionados y nosotros vamos a Italia y sólo nos acompañan
50 seguidores... Y queremos ser campeones de Europa. Son cosas que hemos de
cambiar.
--¿Y
cómo se hace?
--Yo no quiero que se minimice el trabajo ni el esfuerzo del equipo, quiero
que se dé el valor justo a las cosas que hacemos. Si un entrenador como
Antic debe depender de si el balón de Kluivert o el de Overmars entra,
o de un error de Bonano, entonces yo sobro aquí. Hay clubs en los que
es más importante un director técnico que un entrenador, pero
en el Barça no creo que esa figura funcione.
--Es
que, además, el club está en una posición muy débil.
Todo es provisional. Incluso el futuro del presidente está en el aire.
--Es verdad. No se sabe si la dirección del club es firme o no, si es
provisional o no. A mí me toca vivirlo, no puedo influir en ello.
--Todo
el club está pendiente de ganar la Liga de Campeones.
--Me molesta que estemos luchando por conseguir algo y que se esté distrayendo
a la plantilla con comentarios sobre el futuro. Tal y como estamos, sólo
podemos pensar en el próximo partido. Sería bonito levantar la
Copa de Europa en Old Trafford, pero si vamos tan lejos aparecen los inconvenientes.
A los jugadores siempre les digo lo mismo: hagan su trabajo y estén tranquilos.
Con la mejoría que ha experimentado el equipo, todos tienen más
posibilidades de cara al futuro. Seguro que si un equipo se va a Segunda, no
tendrían ni un argumento para sentarse a negociar.
--Aún
no ha acabado esta temporada y muchos futbolistas están inquietos por
su futuro.
--Sí, pero lo único que le interesa al Barça ahora es eliminar
a la Juventus. Todas las otras historias no valen para nada. Eliminando a la
Juve, van a venir jugadores hasta gratis. Si nos eliminan ahora no habremos
hecho nada. ¿Y entonces, qué? Talón y a buscar al Ronaldinho
de turno. Los jugadores que tenemos son los mejores. ¿Por qué?
Porque no hay otros. Ahora no conviene valorar nada, ni pensar en la planificación
del futuro.
--Pero
uno de los problemas del Barça ha sido precisamente la mala planificación.
--Cuando era jugador, por ejemplo, firmé un buen contrato con el Luton
(Inglaterra). Entonces, pensé: 'Ya tengo la vida resuelta, lo pongo en
el banco y a vivir de renta'. Un día entré en los almacenes Harrods
de Londres con mi mujer y vi que todo lo que tenía me lo podía
gastar en cinco minutos. Si no sigues un criterio, puedes gastarte miles de
millones y no tener equipo. Y los buenos jugadores no hacen un buen equipo.
Por mi
saca su mejor rendimiento. Ahora somos el equipo más joven de la Liga,
pero ¿quién te lo valora si estás a mitad de la tabla?
--Milinko
Pantic, un fichaje barato y rentable, quedó como el símbolo de
su Atlético que ganó el doblete. ¿Aún hay Pantics
en el mercado?
--Sí, muchos, pero hay que saber comprar y saber elegir para tener un
equipo equilibrado. ¿De qué te sirve tener dos corbatas muy bonitas
si no tienes calcetines? No te puedes poner las dos al mismo tiempo y salir
a la calle sin calcetines.
--¿Podría
hacerlo en el Barça?
--Sé dónde estoy, qué posibilidades tengo y, tal como hago
las cosas, favorezco muchísimo al club. Un club como el Barça
debe levantar las piedras para buscar ingresos porque tiene un nombre, algo
que vender y eso es importantísimo. Ahora se habla de que hay problemas
económicos y que la solución pasa por vender patrimonio o vender
jugadores. Un club como el Barça tiene que vivir del éxito porque
el éxito trae dinero. No de vender jugadores. Para mí, ésa
es la política más idónea.
--¿Se
considera capacitado para llevar a cabo esa filosofía?
--Sí, lo estoy demostrando. Pero no depende de mí. Pienso que
hay fundamentos para hacerlo. Somos el equipo con más espectadores en
la Champions y el que más socios tiene. Por eso, mi idea es hacer del
Barça el mejor equipo del mundo. Quiero que entre todos recapacitemos
y pensemos qué queremos del Barça. ¿Por qué los
mejores jugadores se van? ¿Por qué se necesita tanto tiempo para
ganar un título? Eso demuestra que algo pasa. Se cambia el presidente
cada dos años, y de casi 40 presidentes, sólo uno ha durado más
de 20 años.
Después
de estar dos años en el paro, ¿sentía la necesidad de volver
a entrenar?
--Nunca estuve sin trabajo. Fui yo quien provocó esa situación
porque soy un hombre que ha corrido mucho por la vida en todos los sentidos.
Mucho. Tanto en mi época de jugador como en la de entrenador. Y ahora
mi familia necesitaba un poco de tranquilidad. Acabo de tener una nieta y sentía
la necesidad de disfrutar de las cosas bonitas que te proporciona la vida. No
tenía ninguna presión porque estaba en una situación privilegiada,
lo digo con suma tranquilidad porque tengo un pasado y estoy satisfecho de él.
Pero también soy consciente de que es muy pronto para vivir del pasado,
muy pronto.
--Tras
descender con el Atlético y el Oviedo, ¿no temió quedarse
fuera de circulación?
--No, porque en los dos clubs tuve la satisfacción de hacer un buen trabajo.
La gente se queda con lo superficial, con que se bajó a Segunda División,
pero detrás de eso hay muchas otras cosas más. Con qué
plantilla trabajaba, qué resultados conseguimos y, en el caso del Oviedo,
de qué manera nos echaron de Primera. Bajamos estando sólo los
últimos 20 minutos de la Liga en Segunda. Hubo entonces muchas cosas
que nadie quiere tocar y yo tampoco quiero remover ahora.
--¿Cree,
por tanto, que su filosofía sigue siendo válida en el fútbol?
--Por supuesto, mi forma de ver el fútbol es muy actual, incluso me siento
vanguardista en algunas cosas. El otro día, frente al Racing, hubo un
saque de esquina en el que cinco jugadores fueron al primer palo y De Boer remató
en el segundo y casi marcó un gol. No pretendo, claro, que todo el mundo
vea esos detalles, pero esa jugada me produjo muchísima satisfacción.
--Sin
embargo, esos pequeños triunfos personales no bastan.
--Lo sé, lo sé. Pero yo no soy un forofo sólo de los resultados.
Yo soy un forofo de la ideas y por eso me gusta mucho lo que hago. Además,
cuando llegué al Barça, lo único que me prometí
a mí mismo es que no me agobiaría con esta situación. Vine
aquí a disfrutar y lo estoy haciendo. Radomir Antic es un entrenador
actual y como profesional no voy a fallarme a mí mismo. Y otra de las
cosas que me dije es que no iba a obsesionarme con nada.
--¿Y
está disfrutando?
-- Sí, se lo prometí a mi familia. Le prometí que en estos
seis meses iba a disfrutar. Y lo estoy haciendo, a pesar de todas las dificultades
que me he encontrado desde que fiché. Otra de las cosas de las que me
siento satisfecho es que he demostrado que Antic sabe conectar con la gente.
Ésa es una de mis virtudes y por eso cada día hay más gente
que está con el Barcelona para ayudarle. Pero también sé
que aquí, tal y como está el club, el futuro es el día
siguiente. Cuando me preguntan por el futuro, siempre digo lo mismo: el futuro
es el entrenamiento de mañana.